“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Heb. 10:23)
Previamente, reflexionamos sobre la habilidad de Dios aunada a Sus promesas. Cuando se hacen promesas, la capacidad del que hace las promesas es estratégica. Cuando relacionamos la capacidad de Dios a Sus promesas, tenemos plena certeza de que Él puede cumplir lo que prometió hacer. “¡Oh Señor Jehová! he aquí que Tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti… He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para Mí?” (Jer 32:17 y 32:27). Nuestro Señor creó todo el universo, y Él es gobernador sobre toda la humanidad. Seguramente, Él es capaz de cumplir todas Sus promesas. Ahora, tenemos otro asunto que considerar: fidelidad. Cuando se hacen promesas, la fidelidad es tan importante como la habilidad. Es vital saber que el que está prometiendo no solo es capaz, sino que también es alguien de quien se puede depender. En nuestro versículo presente, se nos da razón para ejercer confianza sin fluctuación en Dios, basada en Su fidelidad. “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”