Recientemente pasé por consultas médicos. Consulté un médico general y un especialista, que ocupó su tiempo conmigo discutiendo mis dolores crónicos de cabeza. Durante el examen yo le dije: “Me gusta mas mi trabajo que el suyo, doctor”. Sorprendido él me preguntó: ¿”Por qué?”. “Es que independientemente de lo que haga, un día todos sus pacientes morirán”. También le dije: “En mi trabajo, puedo ver como las personas cambian y causan impacto para la eternidad”.
Esto dio inicio a una buena conversación, en la que pude hablar con mi médico sobre Dios sin caer en la “trampa de la religión”. Aquel tiempo valió realmente la pena, ¡valió hasta el dolor de cabeza!
Esta conversación me llevó a pensar sobre como dedicamos esfuerzos y recursos con expectativas falsas o irreales sobre resultados. Por ejemplo, tenemos la tendencia de pensar que con el médico “correcto”, remedios “correctos”, educación “correcta”, trabajo, conjuge y carro “correctos”, hasta con el equipo de futbol “correcto”, la vida será todo lo que esperavamos y “viviremos felices para siempre”. Infelizmente todas esas cosas fallan.
·Guerra equivocada. Tuvimos una guerra para poner fin a otras guerras, la Primera Guerra Mundial, y ella no acabó con las guerras. También no hemos erradicado el terror por medios militares. Tratamos de dar apoyo a nuestro gobierno, pagando nuestros impuestos. Apoyamos hasta a nuestro hijo, cuando él se alista para el ejército. Pero continuaremos teniendo asesinatos y terrorismo. Siempre tuvimos y siempre tendremos hasta que Jesucristo vuelva como prometió.
·Educación equivocada. Mi abuela era profesora. Mi madre también era. Mi esposa también fue. Nuestra hija mayor también es profesora. Aunque yo tengo una maestria, no tengo ninguna ilusión que la sociedad va a mejorar con mas inversiones en educación. Cuando observo a mis amigos, intelectuales brillantes, no siento que ellos esten “nadando en felicidad”. La verdad, reconozco mas que nunca la verdad de la percepción de Salomón: “Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia añade dolor” (Eclesiastés 1:18).
·Tecnología equivocada. Le mostré a mi esposa una foto publicada en el periódico local. Ella exhibía la bella sala de una bonita casa. Pero las sillas y los sillones no estaban colocados de una manera que facilite la conversación, sino que estavan colocados para tener una buena visión de la tela grande de la televisión. Tecnología, celulares, correo electrónico, computadores, aumenta el estrés diario, pero disminuye la intimidad de las relaciones y nuestro amor los unos por los otros.
·Ley equivocada. Nuestra sociedad hoy más que nunca tiene más leyes en vigor y gastamos grandes sumas para sustentar departamentos de policía y sistemas legales y judiciales. A pesar de eso, los periódicos exhiben artículos y más artículos sobre la incansable deshumanidad del hombre para con el hombre.
·Religión equivocada. Sistemas de ritos y mantos, campanas e incienso, programas y proyectos, simplemente se transformaron en la mejor tentativa de auto-perfeción del hombre. Pero ritos religiosos no satisfacen a nuestro Creador. Al contrario, Él envió a Jesucristo para pagar nuestra deuda sobre una cruz. “Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de dios en él” (II Corintios 5:21).
La expectativa de que, la medicina, poder militar, educación, tecnología, leyes o religión puedan proporcionar gratificación, paz, alegría, esperanza o seguridad es inútil. Todo eso falla. No importa quienes seamos o que hagamos, el hambre de corazón solo puede ser saciado de una única forma: através de una relación personal y creciente con Dios, por medio de Jesucristo.