…El famoso Pintor se detuvo en la acera, y por algunos minutos observó al hombre que dormía a la intemperie. Estaba sucio, con el pelo largo, barbado, zapatos rotos, y oliendo a licor. El Pintor lo despertó, y disculpándose por hacerlo, le extendió su tarjeta de negocios, y le dijo que quería ofrecerle trabajo; que si le interesaba, lo esperaba en su casa al día siguiente. Sin esperar respuesta, el Pintor se alejó. El pordiosero se quedó estupefacto. Miraba la tarjeta depositada en su mano, y pensó para sí: “Esto es un milagro. Debo de aprovechar esta oportunidad de obtener un trabajo”. Sin pensarlo más, se dirigió a casa de su hermano, que no veía por mucho tiempo. Cuando llegó, le explicó la situación. Le rogó que lo dejara darse un baño y rasurarse, y que le regalara alguna ropa limpia.
Al día siguiente, el ex-pordiosero, ahora limpio, rasurado, y bien vestido, se dirigió a la casa del pintor. Con la tarjeta de negocios en la mano, llegó frente a la puerta, y tocó (nervioso) el timbre. El Pintor abrió la puerta, y preguntó en qué podía servirle. El hombre le extendió la tarjeta, y le dijo que él era aquél que yacía tirado en un andén el día anterior. Le dijo que la oferta de trabajo lo motivó a dejar aquella vida de vicio…El Pintor casi se fue de espaldas. No podía creer que este fuera el mismo hombre que viera tirado en un andén un día antes. Un poco apenado, el Pintor le dijo: “Discúlpeme caballero, pero ya no puedo emplearlo. Yo le ofrecí trabajo porque deseaba pintar un cuadro en el que apareciera un hombre harapiento extendiendo la mano hacia el cielo, expresando su necesidad a Dios, y Dios extendiendo su mano para levantar y ayudar al pordiosero. Usted ya no me sirve”.
Esta es una analogía que nos ilustra nuestra condición sin Dios: estamos arruinados. Los vicios esclavizan al hombre, y lo destruyen. La vida sin Dios es un caos. No hay felicidad verdadera. Las drogas y el alcohol solo proporcionan una alegría pasajera; nada puede llenar el vacío en el corazón del hombre, porque esta diseñado para ser llenado por Dios, el Creador. Ni siquiera la religión puede hacernos felices. Muchos, cuando se les presenta la oportunidad de entregar sus vidas a Dios, tratan de “cambiar” por sí mismos. Talvez tu hayas dicho alguna vez: “No estoy listo para entregarme a Dios. Necesito cambiar algunas cosas. Lo haré cuando deje los vicios”.
¿Sabes una cosa? Si nosotros pudiésemos cambiar por nuestra propia cuenta, entonces no necesitaríamos de Dios. Si hubiera otra forma de ir al cielo, Jesucristo no habría muerto en la cruz hace 2,000 años para ofrecerte perdón y salvación.
La Biblia dice que Dios te amó de tal manera, que envió a su hijo al mundo para que no mueras, sino que, por creer en Él, tengas vida eterna. También dice: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”. Lo único que Dios nos pide es nuestro corazón. Así enfermo y “canceroso” como está. Él desea sanar tu corazón. Él quiere “operarte”, y eliminar el “cáncer” del pecado, y llenarte de su amor, de paz, y de verdadera felicidad.
¿Necesitas a Dios hoy? ¿Aceptarás su oferta, entregándote a Él tal como estás?
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…”