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Una nube de polvo cubría el aire mientras los soldados gemían, se estiraban y frotaban sus ojos. Ezequiel estaba confundido. Tan solo hace unos momentos el mismo polvo que ahora nublaba el aire había estado sin ser revuelto en la tierra. La capa espesa había cubierto los huesos que quedaban en el valle luego de una batalla ancestral. Los huesos eran viejos y secos. Mucho tiempo había pasado desde que habían sido partes humanas en funcionamiento. Ya no había evidencia de la piel que algún día los había cubierto. Ninguna vida ni esperanza había en ese valle desolado. No obstante el Espíritu del Señor había soplado vida, y ahora ante Ezequiel había un ejército de hombres. ¡Estaban vivos! Cada uno de los rostros olvidados, la fuerza en cada mano vieja era restaurada. En este valle de muerte, el Señor había traído vida, y a través de este milagro el poder del Señor se había manifestado Ezequiel entonces entendió que el Señor tenía grandes planes para la nación de Judá. No había esperanza durante ese tiempo de la historia de Judá. Ezequiel mismo debió haberse sentido tan solo e inútil como aquellos huesos que yacían ante él. Babilonia había invadido y conquistado la ciudad de Jerusalén, casi destruyendo la nación de Jehová. La estrategia del ejército de Babilonia era simple y brillante: deportar y esparcir a la gente que habían conquistado para que fuese imposible la unión de estos para la venganza. Comunidades fueron divididas, familias fueron separadas, y el templo fue destruido. Sentado en la orilla del río Chebar de Babilonia, Ezequiel reflexionaba acerca de la voluntad de Dios para Judá y se dio cuenta que sólo un milagro podría juntar de nuevo a la gente que había sido esparcida. Tan sólo el trabajo poderoso del Señor podría reconstruir aquella nación devastada. Sin embargo, cuando Dios llevó a Ezequiel al valle, el milagro de la vida sucedió delante de sus ojos. El Señor añadió músculos, tendones y tejidos a un millar de huesos. Y en aquellos cuerpos silenciosos, el Señor sopló vida y los restauró. Él haría lo mismo con Judá. Él tomaría la nación esparcida y espiritualmente muerta y, por Su poder, la traería de vuelta a la vida. El nombre de Ezequiel significa "Dios es fuerte". Pero, ¿quién podría saber la fuerza y el poder que el Señor eligió para mostrar a Judá Su grandeza? Mientras Ezequiel miraba la mano del Señor con asombro, él escuchó la promesa: "Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis, y os estableceré en vuestra tierra. Y sabréis que yo, Jehová, lo dije y lo hice, dice Jehová." (Ezequiel 37:14). En su propia vida, usted se encontrará con sentimientos de desánimo, depresión, desesperación, desaliento, desilusión o inclusive como si partes de su cuerpo estuviesen muertas. Su valle de huesos secos puede representar una gran pérdida: una relación fallida, una enfermedad que lo consume, o una situación que está más allá de su control. A través de la vida usted experimentará pruebas que parecerán imposibles de sobrellevar. Pero Jesús dijo, "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33). Hay vida en el valle. El mismo Dios quien sopló vida en aquellos huesos viejos y secos, sostiene hoy su vida. Él puede infundirle vida nueva y esperanza. Él puede convertirle en una creación nueva y restaurar su esperanza y sus sueños. Él puede tomar sus valles de dolor y derrota y llenarlos con victoria. El ser poderosos en espíritu no es tener una vida perfecta sin pruebas. Es enfrentar sus pruebas con el conocimiento de que el Señor es poderoso para salvar y para dar vida donde sólo existía la muerte. El Señor trabaja de forma milagrosa con cada uno de Sus hijos. Ezequiel estuvo asombrado por el milagro, y él creyó que el Señor habría de hacer como lo había prometido. La historia muestra que Dios en su fidelidad regresó a la nación de Judá, a la tierra de su heredad. Cuando usted se encuentre en el valle de los huesos secos, la esperanza puede parecer estar muy lejos. Pero Dios está allí, junto a usted, y Él está esperando el momento para soplar y dar vida a sus huesos viejos y secos. Tome ánimo. Así como la victoria estaba cerca para Ezequiel y la nación de Judá, Dios está cerca de usted. Basta sólo un soplo de vida para la transformación.
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