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Yo creo que Dios me ha llamado para hablar con voz profética a los hombres de esta generación. El me ha comisionado con un ministerio especializado en hombres, para traerlos a una identificación con Cristo e impresionarlo con la realidad que "la hombría y la semejanza de Cristo son sinónimos." El mensaje original que Dios me dio con el cual este ministerio comenzó, está declarado en el libro HOMBRIA AL MAXIMO.
Continuo entendimiento de la Palabra de Dios, ha causado que esta crezca y se multiplique. Sin embargo, la verdad básica de estar identificado con Cristo, la cual es esencia de salvación es encontrar mayores aplicaciones en la vida de los hombres más que nunca antes. El ver hombres cambiar mediante el poder del evangelio es nuestro objetivo. Por este propósito, y con ese fin, y para la gloria de Dios, mi vida ha sido dada para cumplir este llamamiento e impactar a los hombres con la hombría de la semejanza de Cristo.
"Me gustan los hombres",dije a la congregación. "Me gustan los hombres dignos, de valor,con carácter. Me gustan los verdaderos hombres". Esto fue hace muchos años en una reunión en el Sur de California y desde entonces yo tenía un interés vital en el desarrollo de la hombría y del carácter. Estaba frente a una gran audiencia de hombres y mujeres. "Me disgustan los mequetrefes sigilosos que caminan de punta entre los tulipanes", dije en mi forma más elocuente. "Me gusta que los hombres sean hombres". Repetidamente recordé que gran parte de la congregación era del sexo femenino, así que muy apenado, levanté los hombros y me disculpé, "lo siento señoras. No puedo evitarlo...me gustan los hombres". Una viejecita sentada al centro de la multitud se puso bruscamente de pie y alegremente gritó: Amén,hermano,a mí también me gustan". El lugar explotó en risas. Desgraciadamente, el afecto que sienten los hombres y las mujeres entre sí tienen una variedad de formas. Lo que le puede gustar a cada uno en general frente al altar, posiblemente le desagraden cuando liguen las presiones de la vida. La presión agranda los problemas. El método moderno es decir adiós cuando las presiones aumentan. La tendencia del siglo 20 es huir, el hacer a un lado los imperativos escraiturales y decir:"Mejor suerte la próxima vez" Al subir Moisés a la montaña, Dios no le dio una lista de "diez invitaciones". Dios le dio mandamientos. Al interpretar psicológicamente nuestro evangelio en el púlpito moderno, hemos sido instruídos para "invitar" a la gente a que acepte a Jesús. Al dárseles la opción, lo rechazan. Es como las calcomanías que pegamos en los bompers de los carros que dicen:"Inténtalo con Jesús" o "Pruébalo, te gustará". Lo puedes hacer con las papas, los espárragos o las Espinacas ,pero nunca con Dios. Dios no ordena a nadie que "le guste". Dios dice "ama". Que actitud arrogante. Es tanto como decir:"Probaré a este Salvador Jesús, pero si no me gusta, lo intentaré con otro Salvador". O, "probaré este matrimonio, pero si no resulta, lo intentaré con otro". Como si Dios o el matrimonio pudiesen ser probados, como se hace con un traje o un vestido nuevo. ¡Qué cinismo!, ¡Qué asco!. ¿Qué piensa esa gente que es Dios? ¿Alguna vieja deidad senil sentada al frente de una choza celestial, meciéndose al compás de los cones y dejando que el mundo haga "circulitos" alrededor del sol? Dios creó todo esto, incluyéndolo a usted y a mí y por Su Presencia Activa, El todo lo sostiene. Dios es Todopoderoso, Omnipotente. No se nos invita a obedecer a Dios. Se nos ordena obedecer. El es quien ordena. El Espíritu Santo no viene sigilosamente al lado de alguna persona y le pregunta:"¿Serías tan amable de obedecerame hoy?". Cuando un hombre obedece a Dios, "EL EXPRESA SU HOMBRIA AL MAXIMO". |