Un día de la primavera de 1993, un hombre joven fue llevado de urgencia al hospital en Nuevo México porque tenía problemas para respirar. En pocas horas, murió de una falla respiratoria aguda. Había estado en camino al funeral de su prometida que había muerto por causas similares días atrás. A la semana, expertos médicos descubrieron un grupo de muertes similares en el Sudoeste. Todas las víctimas eran jóvenes y estaban relativamente en forma.
El Hantavirus era el culpable. Desconocido en los Estados Unidos antes de 1993, hacia febrero de 2006, 416 casos de hantavirus fueron encontrados en diversos estados, tan lejos como Florida y Nueva York. El hantavirus es una enfermedad de los pulmones que se esparce a través de portadores como los ratones. La gente contrae la enfermedad al respirar e inhalar el virus que llega al aire a través de la materia fecal y la orina de los roedores.
Los científicos sospechan que hay una conexión entre el cambio climático y el brote de hantavirus de 1993-1994. Seis años de sequía seguidos de fuertes lluvias de primavera en 1993 produjeron un gran crecimiento de plantas. Esto llevó a que la población de ratones se multiplicara por diez. El clima extremo, tal como las sequías y lluvias torrenciales, van a ser más comunes a medida que la Tierra se calienta.
Aumentan los mosquitos y ratones portadores de la enfermedad
El clima establece hasta dónde puede expandirse una enfermedad. En EE.UU., un clima más cálido, y las fuertes lluvias que se producen como consecuencia, probablemente ayudaron a expandir el hantavirus. En otros lugares, un mundo más cálido está ayudando a expandir la variedad de insectos que portan enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla. La gente que históricamente tiene poco o nada de riesgo de contraer estas enfermedades, dentro de poco podría tener que preocuparse por esto. Mientras que otras medidas podrían ser efectivas para mantener a las enfermedades contagiosas bajo control, la influencia del clima podrá o requerir más medidas estrictas o hacer que las fallas sean más comunes.
Como los casos de hantavirus que aparecieron repentinamente en EE.UU., brotes de varias enfermedades han sido reportados en partes de Sudamérica y África que hasta hace poco no habían estado afectadas por ellas. En México, la fiebre del dengue se ha expandido por sobre su antiguo límite de elevación de 1.000 metros y ha aparecido tan alto como a los 1.700 metros. En Colombia, los mosquitos que portan los virus de la fiebre del dengue y la fiebre amarilla anteriormente llegaban a los 1.000 metros, pero recientemente han sido encontrados a los 2.200 metros. (Epstein, P.)
Mientras que los mosquitos portadores de la enfermedad se están moviendo a nuevas áreas, un estudio de 1998 aportó resultados acerca de lo que nos podría esperar en el futuro. Utilizando tres modelos diferentes de cambio climático, los investigadores encontraron que un incremento relativamente pequeño en la temperatura aumenta el potencial de la epidemia de dengue. (Patz). Mientras la temperatura aumenta, menos mosquitos son necesarios para mantener o diseminar esa clase de serias y frecuentemente fatales enfermedades.
Al escuchar sobre este tipo de enfermedades y ver que se esta propagando, debemos con mayor razón y diligencia orar en el nombre de Jesús. Este espíritu de enfermedad no debe avanzar. En el nombre de Jesús y por el poder del Espíritu Santo cancelamos su accionar.