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40 años de histórico fallo en favor de matrimonio interracial en EE.UU. Por DIONNE WALKER - MILFORD, Virginia, EE.UU. - Junio 13, 2007
Los periodistas ya no suelen pisotear el césped de esta pequeña casa en del condado de Carolina, y ello le parece muy bien a su dueña, una mujer de voz suave, de 67 años, quien nunca deseó la fama que le trajo su matrimonio. Nacida Mildred Jeter, se le conoce mejor con su nombre de casada, el que tomó cuando ella, una mujer de raza negra en tiempos de la segregación en Virginia, se atrevió a romper con todos los tabúes al casarse con el blanco Richard Loving. Su matrimonio mandó a los Loving a prisión y luego ante la Corte Suprema de Justicia, para finalmente ser consignada en los libros de historia cuando la instancia judicial, hace 40 años, falló en favor de la pareja, eliminando las leyes que prohibían las uniones interraciales y cambiando para siempre el rostro de los Estados Unidos. Mildred Loving es la abanderada de las miles de parejas multirraciales que aparecen en todas las ciudades del país. Pero no piensa en sí misma como en una heroína, sino que se siente simplemente una chica que se enamoró de un muchacho.
"Yo no hice nada. Fue obra de Dios", dijo Loving a The Associated Press, en una de sus pocas entrevistas. Mientras el resto del sur de Estados Unidos trataba de separar a las razas en la década de 1950, negros y blancos de la pequeña localidad de Central Point convivían abiertamente. Trabajaban en las granjas, criando gallinas y cultivando tabaco. También hacían carreras de automóviles. Y muchas veces, sostenían relaciones, explicó Edward Clarke, quien creció en esta población a una hora de camino desde Richmond, de la cual quedan ahora poco menos que vastos campos, casas dilapidadas y granjas invadidas por las hierbas. Parado en el cementerio de la colina donde se encuentra sepultado Richard Loving, señala las tumbas con lápidas con los nombres Jeter, Byrd y Fortune, negros, pero con la piel tan clara que podían pasar por blancos.
"La gente blanca era como la gente negra", dijo Clarke, afroamericano de piel morena clara y cabello lacio. "Uno vivía y sobrevivía... compartíamos todo".
Fue en un lugar como este que una niña flacucha de 11 años, apodada "frijol", conoció a un muchacho de 17, amigo de su familia, de acuerdo con Phyl Newbeck, escritor de Vermont que detalla el caso en su libro "Virginia Hasn't Always Been for Lovers", del 2004. Luego de varios años, la amistad se convirtió en romance, pero su relación cambió radicalmente cuando Mildred quedó embarazada a los 18 años. "Estamos hablado de principios de la década del 50, cuando el tener un hijo ilegítimo ya era suficiente estigma. No creo que Richard hubiera querido eso para ella", indicó Newbeck. Y entonces, condujeron unos 128 kilómetros (80 millas) hasta Washington, Distrito de Columbia, para casarse en 1958, regresando a Central Point para iniciar una nueva vida. "Creo que él pensó que si nos casábamos nadie se metería con nosotros", dijo Mildred. Pero un mes después, estaban en prisión. A sus 84 años, Garnett Brooks recuerda cuando entró en la casa de los Loving a las 2:00 de la madrugada, para llevarlos ante las autoridades. Las noticias de su matrimonio, sin conocerse quién se quejó por ello, llegaron al procurador de justicia del estado. "Me dijo que fuera y viera si estaban casados y entonces que los arrestara", dijo Brooks, quien insiste en que el caso no se basó en cuestiones raciales, sino en la violación a las leyes de cohabitación. "Le dije que lo haría con gusto". Phil Hirschkop tenía 28 años y apenas unos meses de ser abogado, cuando escuchó a un profesor discutir el caso de los Loving con otro abogado, Bernard Cohen. Corría el año de 1964 y los Loving habían pasado los últimos años en exilio en Washington luego de haber sido encausados por "cohabitar como hombre y mujer, en contra de la paz y dignidad de la Mancomunidad" de Virginia, de acuerdo con los cargos. Las leyes contra los matrimonios interraciales estaban vigentes en al menos 17 estados. La pareja había evitado la prisión durante un año al aceptar una sentencia que ordenaba a ambos "salir del condado de Caroline y el estado de Virginia cuanto antes y no regresar juntos o al mismo tiempo a este condado y estado durante un período de 25 años". Ellos solían engañar a las autoridades viajando en vehículos diferentes para poder reunirse, dijo Robert Pratt, profesor de la Universidad de Georgia y amigo de la familia. De niño, Pratt jugaba con los hijos de los Loving: Donald, Peggy y Sidney, quien todavía vive con su madre. "Yo iba a buscarlos, especialmente en las noches de verano. Entonces, oía a mi madre y mi abuela empezando a apostar por cuánto le tomaría a Richard el llegar desde la dirección opuesta", recuerda Pratt. La joven esposa le pidió ayuda por escrito al entonces secretario de Justicia Robert Kennedy, quien la remitió a la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos para que pudieran asesorarla a fin de regresar permanentemente a Virginia. Cohen presentó una moción para eliminar la sentencia de 1959 contra la pareja, pero las cortes se negaron a responderle. Sin embargo, los legisladores federales habían aprobado ya la Ley de Libertades Civiles y los afroamericanos empezaban a manifestarse contra la segregación en el sur del país. Hirschkop estaba convencido de que la Suprema Corte estaba lista para actuar en favor del cambio y basó su argumento a favor de los Loving en el siguiente texto: "Cuando una ley se basa en la raza, es inmediatamente sospechosa y compete entonces al estado el demostrar que hay una razón para tener ese tipo de diferenciación racial". El 12 de junio de 1967, la corte estuvo de acuerdo y actuó conforme. Richard Loving falleció en 1975, cuando un conductor borracho chocó con su automóvil, matándolo y costándole el ojo derecho a Mildred. Fue sepultado a corta distancia de su casa en la localidad de Passing Road. Cada 12 de junio se celebra el histórico fallo que reconoció su unión, pero Mildred no se siente muchas veces inclinada a siquiera acordarse. Lo único que desearía, en todo caso, es que su esposo estuviera con ella. "El me cuidaba. Era mi apoyo, mi roca", dice Mildred Loving. |