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Dios en Su sabiduría formó los cielos y la tierra. Él talló un lugar que acomodara los mares. Las montañas hablan de Su gloria y los valles nos hablan de la profundidad de Su amor eterno. Nada es ni se ha creado aparte de la sabiduría de Dios. Él es el principio y el fin de todas las cosas – el Alfa y el Omega.
Él colocó cada estrella en su lugar. Los cielos se visten de Su gloria y la noche se sostiene en Su misericordia y gracia. Él creó los límites de la tierra y ordena, a cuan lejos pueda fluir, cada ola del mar. Alguna vez se ha preguntado, ¿por qué Dios escogió venir al mundo como un bebé – indefenso y aparentemente desprotegido? La respuesta está en Su sabiduría y deseo para que usted conozca y experimente Su amor íntimo. El apóstol Pablo escribe, “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él. En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:4-5).
Mientras la ley de Dios demanda la paga por el pecado, Dios sabía que el precio era demasiado alto para nosotros. Sólo Dios en su sabiduría infinita es capaz de proveer la expiación necesaria para quitar nuestro pecado.
El autor y teólogo Henry Thiessen escribe, “[Jesús] se hizo hombre para poder garantizar las promesas hechas a los padres [de Israel] y para mostrar misericordia por los gentiles (Romanos 15:8-12). Empezando con la promesa en Génesis 3:15 y continuando a través del Antiguo Testamento, Dios en varias ocasiones prometió enviar a Su Hijo al mundo. Por ello Isaías dice, ‘Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado’ (Isaías 9:6).”
En el tiempo del nacimiento de Cristo, mucha gente no pensaba que necesitaba un Salvador. Los romanos ciertamente no creían en Dios. Ellos adoraban a muchos dioses. Los gentiles no buscaban a un Salvador. Su dios era la pasión por los deseos egoístas. El resultado de sus acciones les condujo hacia el paganismo. Inclusive los judíos, quienes anhelaban ser liberados del reino romano, no abrazaron al Mesías que Dios había enviado. Ellos querían un rey militar – un hombre que los librara de la opresión romana y a la vez restaurara la nación de Israel con plena autoridad. Sin embargo, Dios escogió una manera mejor para que llegase la salvación a la humanidad. En vez de los ropajes reales de poder y posición humana, la salvación llegó al mundo como un bebé, envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Muchos podrán ver este evento y preguntarse, ¿cómo podría haber sido ésta la hora más perfecta de la sabiduría? Pero, así es. Dios dice, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos…Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). Por fe creemos que Dios nos ama. Por fe nos entregamos a Él y por fe le seguimos a Él. Como Abraham, seguimos adelante confiando en quien nos guía (Hebreos 11:8). Confiamos en Su sabiduría aún cuando la vida nos bombardee con sentimientos de rechazo y dificultad porque el tiempo y el estudio de Su Palabra nos han enseñado que Su sabiduría es mejor, y nada se compara con el amor que Él siente por nosotros. Cristo no nos da vida para fomentar la sabiduría del hombre. De hecho, Él vino a confundir al sabio. Él nos dice, “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos” (1 Corintios 3:19-20). Necesitamos a Dios y, sobre todo, necesitamos Su sabiduría. Si fuera nuestra elección, habríamos encontrado otra manera de redimir a la humanidad. Nunca habríamos enviado a nuestro hijo a un ambiente espiritual tan frío y calculador. Pero, Dios no preguntó al hombre qué era lo mejor. Por Su sabiduría, Él sabía exactamente lo que era necesario hacer, Y aún ahora continúa haciéndolo. Cuando pensamos que la vida está fuera de orden y más allá de la redención, debemos recordar que Dios es soberano. Él está en control, y Él tiene un plan no sólo para este mundo, sino también para cada uno de nosotros. Nada es accidental con Dios. La sincronización del nacimiento de Cristo fue perfecta. El lugar de Su nacimiento fue escogido por el Mismo Dios que formó los cielos y que lo ama. ¿Se ha encontrado alguna vez cuestionando la sabiduría de Dios? ¿Se pregunta si Él cometió algún error, especialmente cuando le sobrecoge el dolor? Dios nunca se equivoca. Puede que usted se adelante y tome decisiones que no son las mejores. Usted podrá sufrir las consecuencias de sus decisiones, pero puede estar seguro de que cuando regrese a Dios, Él lo abrazará. Su sabiduría lo guiará y Su gracia será como una túnica real de esperanza y ánimo. Le aseguro que usted no habría escogido un pesebre para acostar a su recién nacido. Ni se habría apresurado a anunciar su nacimiento a un grupo de pobres pastores, pero Dios sí lo hizo. Él tenía un propósito más grande en mente que identificarse con la realeza de este mundo. - Jesús vino como un bebé para enseñarnos a confiar.
- Jesús vino como el pan de vida.
- Jesús llegó a hombres y mujeres comunes.
- Jesús vino a enseñarle como vivir.
- Jesús le ama y siempre tiene un tiempo y un lugar para usted.
- Jesús vino para que pueda tener vida eterna.
No hay forma de celebrar el nacimiento de Cristo sin celebrar Su muerte y resurrección. En última instancia, Jesús tomó su lugar en la Cruz del Calvario. Fue Su gracia y deseo de amor, el hacer la voluntad del Padre. Miles de años después, usted y yo todavía adoramos al Cristo el libertador de Jehová quien nació para vivir y morir por los pecados de todos los hombres y mujeres. |