En el Dia de las Madres PDF Print E-mail

He sido invitada para traer a ustedes unas reflexiones sobre un tema que nunca pasa de moda: la madre.
Y en el trabajo de hilar las ideas para formar esta plática, me puse a buscar un modelo excelente de la maternidad y lo encontré en María de Nazareth. Sí, María es el prototipo de la sumisión, de la entrega, de la abnegación y del sacrificio. ¿Por qué?

  • ImageEs ejemplo de sumisión, porque aceptó el designio divino de ser la elegida para que de ella naciese el Redentor, y no le importó el que dirán de aquellos tiempos que la condenaban a morir apedreada por esperar un hijo sin estar casada.
  • Es el ejemplo sublime de la entrega a una misión santa que desconocía por completo y, que sin embargo, llevó a cabo con valentía.
  • Es también ejemplo de abnegación porque aceptó el despego del Hijo santo desde muy pequeño y aún sin comprender la excelsitud de la misión que lo había traído a la tierra, supo ocupar el lugar que El quiso darle.
  • Y es ejemplo singular de sacrificio porque soportó estoicamente ver morir a su hijo para bien de la humanidad.
Ahora bien, estarán ustedes de acuerdo conmigo en que este modelo de virtudes que debe ser una madre, se ha relajado mucho. La maternidad en los tiempos actuales parece que se alejara cada vez más al extremo contrario.
Es verdad que alguna mujeres tendrán justificación para su despego maternal, pero tras no.
Y si las mujeres de hoy en día no nos parecemos en nada a las de las pasadas generaciones, considero que es tiempo de reflexionar en la razón de ello. Respóndase usted a estas interrogantes:

-¿Por qué las madres de hoy no somos abnegadas como lo fueron nuestras madres o nuestras abuelas?
-¿Por qué se ha perdido ese valioso tiempo de intimidad familiar en que todos convivían en armonía?
- ¿Por qué muchas mujeres de hoy se quejan de que sus hijos no son amorosos ni delicados con ellas?
-¿Por qué se dedica más tiempo a la televisión o a los compromisos sociales que a la familia?

Sin duda que existen diversas respuestas pera estas preguntas, y las razones podemos catalogarlas por orden de importancia:
Todos vivimos inmersos en la famosa crisis económica que no sólo vive nuestro país sino el mundo entero. Luego, pues, muchas mujeres se ven en la imperiosa necesidad de trabajar fuera del hogar para cooperar con el sustento familiar.
Como consecuencia, los horarios familiares se trastornan y llega un momento en que cada quien hace su vida aparte y se pierden los bellos momentos de convivencia familiar.

Y pasa el tiempo, y la madre se deja envolver por el trajín de su trabajo, y si no tiene ayuda domestica se desvive también con el trabajo de la casa y por involuntaria necesidad se olvida del amor filial que debe fomentar en su familia.
Y ¿por qué no? También muchas veces se ve tan envuelta en los compromisos sociales alegando que los deberes familiares “no van con su personalidad”. Grave error, porque las consecuencia se sufren después, cuando los hijos o el marido se desvían del camino recto por el que se supone que deben caminar.

Permítanme, por favor, hacer una pregunta más en esta tarde: ¿Sabe usted, o usted, o usted, que habremos de dar cuentas a Dios por la vida de nuestros hijos?
Mire usted, de cuando el hijo es bebé, considero que daremos cuenta de que si lo amamantamos o no, porque la sabiduría perfecta del Creador dispuso que el organismo de la madre elaborara los nutrientes especiales para iniciar al niño en su alimentación. Claro que ahora se alega que por estética las madres no amamanten a sus hijos, pero los problemas que esto acarrea, los hijos los cargan toda su vida.

-    Cuando el niño crece un poco más, habremos de dar cuenta si supimos contestar a todos sus “por qué”, ya que con los conocimientos que vayamos inculcando en ellos, les iremos cimentando su vida futura.
-    - Más aún, cuando el hijo llega a la adolescencia, la responsabilidad de agiganta. Los tiempos actuales son de peligros sin fin para la juventud, y habremos de rendir cuentas a Dios de que si cuidamos de ellos para que no se desviaran con malas compañías, o con drogas, o con sexualidad desenfrenada como es la moda.
-    Cuando el hijo es ya adulto, seguimos siendo responsables porque es entonces que se verá el fruto de la educación que les dimos. Si su carrera es brillante, estaremos satisfechas, pero deberemos seguir velando porque su trabajo sea digno y nada ilegal o vergonzoso lo manche. Es claro que los hijos adultos difícilmente obedecen, pero siempre habrá el momento oportuno de hacerles ver lo que no está bien, para que nuestras cuentas con Dios no sean tan chuecas.
-    Y llegando al final de la vida, si nos corresponde por designio de Dios el ver morir a alguno de nuestros hijos, aún de ellos daremos cuenta, porque es responsabilidad nuestra el enseñarles que la muerte es un paso natural hacia una vida mejor y de que el vivir de acuerdo a los mandamientos nos llevará a ser agradables a Dios.
Por todo esto, podemos comprender la gran responsabilidad que Dios ha puesto en nuestras manos.
Considero que es difícil aprender a ser madres en toda la extensión de la palabra porque estamos obligadas a ser ejemplo en todo momento para nuestros hijos.
Y Rebuscando entre mis apuntes, encontré unos pensamientos que se titulan “lo que piensa el hijo de su padre” Los he parafraseado porque considero que todas podemos identificarnos con ellos y de igual forma pueden aplicarse a lo que las hijas pensamos de las madres. Dice así:

A los 7 años: Mamá es muy sabia, todo lo sabe.
A los 14:        Me parece que mamá se equivoca en algunas de las cosas que dice.
A los 20:        Mamá está un poco atrasada en sus teorías; no es de esta época.
A los 25:        La vieja no sabe nada…está chocheando decididamente.
A los 35:        Con mi experiencia, mi madre a esta edad, hubiera sido millonaria.
A los 45         No sé si ir a consultar con mi madre este asunto, tal vez pudiera aconsejarme.
A los 55:       ¡Qué lástima que haya muerto mi madre! La verdad es que tenía unas ideas y una clarividencia notables.
A los 60:       ¡Pobre mamá! ¡Era muy sabia! ¡Qué lástima que lo haya yo comprendido demasiado tarde!

Pero, decía al principio, que si buscamos hallaremos un modelo superior en virtudes a quien imitar, y puede que éste sea el momento de reflexión para muchas de nosotras, y el momento de hacer un alto en la vida que llevamos y esforzarnos por retomar esas hermosas virtudes que tuvimos a bien disfrutar en la persona de nuestros mayores.
Dice la Biblia: “pero si tengo todas estas cosas, y no tengo amor, de nada sirvo…” Entonces el amor será el ingrediente principal del que debemos echar mano para lograr la felicidad familiar y nuestra realización maternal.

He aquí unos consejos útiles:

Cuando tu hijo te busque con su mirada ...    Míralo
Cuando tu hijo te tienda los brazos. ...    Abrázalo
Cuando tu hijo te quiera hablar ...    Escúchalo
Cuando tu hijo se sienta desamparado...     Ampáralo
Cuando tu hijo se sienta sólo...     Acarícialo
Cuando tu hijo te pida que lo dejes...     Déjalo
Cuando tu hijo se sienta triste ...    Consuélalo
Cuando tu hijo esté en el fracaso...     Aliéntalo
Cuando tu hijo pierda toda esperanza...     Aconséjalo
Cuando tu hijo decida...     Refuérzalo
Cuando tu hijo intente triunfar...     Anímalo

Recordemos entonces que abnegación nunca será sinónimo de inferioridad, ni entrega de humillación.
Busquemos en el arcón de los recuerdos, aquellas bellas enseñanzas maternales para ponerlas de nuevo en práctica. Que desde este día nuestro esposo y nuestros hijos vean una transformación en nuestro modo de vivir y esto sea para lograr restablecer el vínculo familiar de amor que Dios dispuso.

 

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