"Arrepentíos porque el Reino se ha acercado" PDF Print E-mail
"Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;  y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. "Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.”  (Exodo 19:5-6)

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de {su} soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.”  (Isaías 9:6-7)

“En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo:
 
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: "Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas." Y él, Juan, tenía un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero a la cintura; y su comida era de langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. Pero cuando vio que muchos de los fariseos y saduceos venían para el bautismo, les dijo: Camada de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no presumáis que podéis deciros a vosotros mismos: "Tenemos a Abraham por padre", porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.” (Mateo 3:1-10)                                              

“Cuando El oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea;  y saliendo de Nazaret, fue y se estableció en Capernaúm, que está junto al mar, en la región de Zabulón y de Neftalí; para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías, cuando dijo: ¡ Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo asentado en tinieblas vio una gran luz, y a los que vivían en región y sombra de muerte, una luz les resplandeció. Desde entonces Jesús comenzó a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 4:12-17

 “A estos doce envió Jesús después de instruirlos, diciendo: "El reino de los cielos se ha acercado." ( Mateo 10:5,7)

Habían pasado unos 430 años desde que el último profeta habló de parte de Dios, desde Malaquías hasta Juan el Bautista; durante ese silencio solo aquellos que temía a Dios habían mantenido la fe de que vendría un Mesías para establecer el Reino de Dios, y estos habían transmitido esa fe a sus descendientes, pero otra gran  mayoría de personas se había despreocupado de ello.

De repente aparece en escena un personaje raro; raro en su apariencia y más raro aún en su mensaje: “Arrepentíos”. Pero considérese  la reacción de la gente ante tal mensaje.

No reaccionaron diciendo: “¿Quien se cree que es este sujeto para decirme que me arrepienta? ¿Con que autoridad se toma para sí el derecho de retar al pueblo?, o ¿Arrepentirme de qué? ¿Soy igual  a la mayoría? Las cosas un poco fuera de lo normal que hago es porque no nos queda otra, bajo estos perros gentiles y bajo los judíos traidores que trabajan para ellos.”

En lugar de ofenderse y decir cosas como esas, las multitudes empezaron a salir al desierto para oír a este personaje. ¿Por qué? La segunda parte del mensaje aclara esas inquietudes: “Porque el Reino se ha acercado”. La razón de demandar un arrepentimiento o cambio de vida era que “EL Reino” (no UN reino), estaba cerca de ellos.

Aún los judíos más desinteresados tenían conocimiento, aunque fuera teórico, de que vendría un Rey prometido ha establecer  un Reino; de allí que al decir Juan: EL Reino, para todos era claro que se refería a ese Reino específico y empezaron a actuar de acuerdo a lo que se les decía.
 
¿Qué de nosotros?; ¿Tenemos alguna expectativa de que se cumpla la petición de: “Venga Tu Reino y sea hecha Tu voluntad aquí en la tierra, como es hecha en los cielos”?; ¿Qué reacción produce en nosotros, cuando se proclama para nuestros días, el mensaje, no solo de Juan sino del mismo Jesús, de “Arrepentíos, porque EL REINO se ha acercado?.

Arrepentimiento: El arrepentimiento bíblico implica cambiar la forma de pensar en cuanto a algo; ese cambio de mente conlleva un cambio de actitud y de acción, tal como lo enseña Pablo en Romanos 12:2  “No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.

En primer lugar, notemos que tenemos que cambiar nuestra forma de pensar. Ese hecho, por sí solo, nos está diciendo que, en relación al Reino, estamos equivocados; que lo que ha dictado nuestra forma de pensar, es una información incompleta, falsa, o distorsionada.

Por ejemplo: ¿Piensa usted que el Reino ya está aquí o que vendrá cuando venga Cristo?.
Dependerá de lo que realmente piense, la forma en la que actúe. La gran mayoría de la Iglesia piensa de la segunda forma, por lo que no hace nada por establecer y ayudar a crecer el Reino.

Pero ¿Qué dicen las Escrituras al respecto?.

Mateo  6:33 “Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. El contexto es el sustento y abrigo. ¿Se da cuenta que si el Reino no está aquí todavía, nos vamos a morir de hambre? porque antes de buscar el sustento, tenemos que buscar el Reino.

¿Se da cuenta por qué del mensaje: Arrepentíos? la información que se nos ha dado ha estado distorsionada, de allí que no hemos actuado como se debe para establecer el Reino de Dios, para hacerlo crecer aquí en mi corazón, aquí en mi hogar, en mi familia, en mi iglesia, en mi trabajo, en mi comunidad, en mi cuidad, en mi estado, y en mi nación.

Mateo 12:28 “Pero si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”. Consideremos, ¿Echó fuera los demonios por el Espíritu de Dios?, ¡SI!, entonces, ¿Llegó el Reino de Dios? ¡SI!

Marcos 9:1 “También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder”. Una ves más, ¿Miente, o se equivoca Jesús? ¡NO!, ¿Habrán visto que el Reino vino con poder desde esos días? ¡SI!.

Lucas 17:20 “Y cuando los fariseos le preguntaron acerca de cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió diciendo: El reino de Dios no vendrá con advertencia. No dirán: "Mirad, aquí está!" o "Allí está!" Porque el reino de Dios está en medio de vosotros”.  ¿En donde dice Jesús, el Rey del Reino, que está el Reino? ¡En medio de vosotros!.

Desde luego, muchos se justifican diciendo: “ El Reino ya está aquí pero solo en una forma espiritual”. Pero veamos que tan cierto es eso.

¿Cree usted que el Reino que experimentó Israel, fue espiritual, o político material? ¿Reinó David espiritualmente o literalmente? La respuesta es obvia. Muy bien, escuche lo que Jesús les dijo: Mateo 21:43 “Por esta razón os digo que el reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a un pueblo que producirá los frutos del reino”.

¿Quitó un Reino espiritual o material? ¡Material! Entonces, si fue el Reino que quitó, el mismo que dio al otro pueblo, ¿Qué clase de Reino dio al otro pueblo? !Material¡ Primeramente espiritual, ya que el reino comienza a gobernar en el corazón de una persona, pero de allí se hace evidente por sus acciones y obras, el reino se hace material. Dicha persona comienza a anunciar o evidenciar las virtudes del reino. Comenzando de lo espiritual, lo llena todo en lo material. Por lo tanto podemos concluir que el reino que los discípulos proclamaban era un reino que lo llenaba todo.

Escuche al apóstol Pablo en Colosenses 4:11 “y Jesús, llamado Justo. Ellos son los únicos de la circuncisión que son colaboradores conmigo en el reino de Dios y que me han servido de consuelo”. No hay forma de equivocarse. Pablo está hablando de personas que le ayudaban en el Reino, Ahora viene la pregunta, ¿Estaba Pablo en el cielo o en la tierra? ¡En la tierra! Entonces, ¿En donde estaba el Reino en el que él trabajaba? ¡En la tierra!.

¿Se da cuenta por qué dijimos que: Al requerírsenos arrepentimiento por la razón de que el Reino se ha acercado, implica que nuestra forma natural o normal de pensar y por consiguiente, de actuar, está en desacuerdo con las leyes y normas del Reino.?

Las Leyes del Reino.
Todos los que creyeron el mensaje de Juan el Bautista, le empezaron a preguntar ¿Qué hacer?, ¿Cómo expresar su arrepentimiento con obras?. A esa pregunta Juan respondió con cosas prácticas

Lucas 3:10-14. “Las multitudes le preguntaban diciendo: Pues, ¿qué haremos? Respondiendo les decía: El que tiene dos túnicas dé al que no tiene, y el que tiene comida haga lo mismo. También fueron unos publicanos para ser bautizados y le preguntaron: Maestro, ¿qué haremos? El les decía: No cobréis más de lo que os está ordenado. También unos soldados le preguntaban diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? El les dijo: No hagáis extorsión ni denunciéis falsamente a nadie, y contentaos con vuestros salarios”.

En esas respuestas que solo se dan como ejemplo o muestra de lo que son las leyes del reino, podemos ver los hechos que deben seguir a quien dice ser miembro del Reino. Será interesante notar que en los tres ejemplos hay una forma de medir la fidelidad u obediencia, por medio del uso del dinero.

Primero; las multitudes representan al ciudadano común. Notemos que se refiere a sustento y abrigo; al decir que se comparta el sustento y abrigo nos está recordando las palabras de Jesús de buscar primero el Reino y  Su justicia para que se nos añada el sustento y abrigo. Esto también sería una expresión práctica de “amar al prójimo como a uno mismo”, o de practicar la “regla de oro”.

Segundo; Los publicanos representan a los empleados del Estado. Eran los cobradores de impuestos y como la raíz de todos los males es el amor al dinero, se ponen ellos como ejemplo.
Es en el uso de las finanzas donde se evidencia la calidad de justicia y derecho (Sobornos, chantaje, leyes inconstitucionales, etc.). Al declararles Juan que no abusen de su función, también está hablándonos de buscar primero “el Reino Y SU JUSTICIA”. 

Esto también sería una expresión práctica de “dar al Cesar lo que es del Cesar”; de reconocer que la autoridad es establecida por Dios, de pagar a todos lo que debemos y de no rehuir las responsabilidades cívicas.  

Lo mismo se aplicaría a los comerciantes, pues ellos también tienen que pagar impuestos justos y no cobrar más de lo justo para evadir así sus responsabilidades.

Tercero; los soldados representan el poder militar. Notemos que la exhortación a ellos consta de tres elementos: Extorsión, falsa acusación y el salario. En la definición que el diccionario Webster da de la palabra “Extorsión”, podemos ver lo que implica esta exhortación.: “El acto o práctica de retorcer, distorsionar, (para quitar) cualquier cosa a una persona por medio de fuerza, dureza, amenaza, o por medio de cualquier ejercicio impropio de poder; impuestos ilegales; compulsión ilegal para pagar dinero o hacer cualquier otro acto”. Bastante claro y descriptivo, no creo que necesite expanderse más al respecto.

Falsa acusación, desde esta perspectiva, no se refiere solo a casos en cortes de justicia, sino que a falsa propaganda, falsa información acerca de personas y hechos, encubrimiento de actos o personas delictivas, etc.

El salario nos habla de dignidad y justa retribución; al decirles que se contenten con él, les está exhortando a valorar más su reputación que el dinero, a ser personas dignas, de buen nombre antes que corruptas con dinero.

En resumen, eso nos habla de la actitud correcta que debemos asumir (tanto los ciudadanos como las instituciones y empresas) al entender el Reino; y por lo tanto, del cambio que debe operarse en nuestra forma de actuar.

Si a esas explicaciones le añadimos los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio de Mateo, tendremos una idea muy clara de lo que implica acatar las leyes del Reino y estaremos plenamente convencidos de por qué se nos dice que tenemos que arrepentirnos al reconocer que el Reino está cerca.

CONCLUSIÓN:
De todos los que oyeron el mensaje de Juan y posteriormente de Jesús y los apóstoles, fue obvio quienes fueron solo oidores olvidadizos y quienes fueron hacedores de la palabra. De igual manera, nosotros tenemos que confrontarnos con la pregunta de nuestro Señor y Rey del Reino:

Lucas 6:45-49 “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón, presenta lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón, presenta lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis: 'Señor, Señor', y no hacéis lo que digo? Yo os mostraré a qué es semejante todo aquel que viene a mí y oye mis palabras, y las hace. Es semejante a un hombre que al edificar una casa cavó profundo y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando vino una inundación, el torrente golpeó con ímpetu contra aquella casa, y no la pudo mover, porque había sido bien construida. Pero el que oye y no hace es semejante a un hombre que edificó su casa sobre tierra, sin cimientos. El torrente golpeó con ímpetu contra ella; en seguida cayó, y fue grande la ruina de aquella casa."  

¿Qué vamos a hacer ante esta realidad? Solo hay una respuesta correcta:
¡ARREPENTÍOS, PORQUE EL REINO SE HA ACERCADO!
 

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