Si fueren destruidos los fundamentos.. PDF Print E-mail

"Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?"  (Salmo 11:3)

Del mismo modo que se excavan y ponen fundamentos o cimientos para los edificios, también hay fundamentos espirituales sobre los que podemos edificar una vida espiritual estable. Si nuestros fundamentos son destruidos o si intentamos construir nuestras vidas sobre fundamentos incompletos, ponemos en peligro nuestra capacidad de aguante durante las tormentas de la vida.

He conocido a muchas personas que podían profetizar u orar por los enfermos o cantar con una hermosa voz en la iglesia, pero sus vidas espirituales eran inestables. Al surgir las dificultades, se desmoronaron. ¿Por qué? Aunque parecían estar bien, les faltaba una parte de su fundamento interior por lo que se desmoronaron durante la tormenta.



JESÚS LO DIJO DE ESTE MODO:

"Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca." Lucas 6:47-48

La cuestión no es "si" viene una tormenta, sino "cuando" venga. Las tormentas son parte de la vida y todos las experimentamos. La vida suele ir de tranquila y calmada a llena de turbulencias y adversidades. El único modo en que nuestra casa puede mantenerse firme durante estos tiempos es si está bien construida.

Jesús dijo que nuestra "casa" representa nuestra vida espiritual, y al construirla la parte más importante de la estructura es el fundamento. Todo lo demás que construyamos, ya sea en ministerio, dones o llamados, se edifica sobre el fundamento invisible e interior puesto por Cristo.

El problema se agrava porque no se puede construir la casa durante la tormenta. La casa debe ser edificada antes de llegar la tormenta. Por eso, Jesús terminó con esta advertencia:

"Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa." Lucas 6:49

Tiemblo de pensar en las muchas personas, personas buenas, cuyas casas se "derrumbaron" al llegar la tormenta de la tentación o la adversidad. ¡Qué verdad son las palabras del Salvador!: "y fue grande la ruina de aquella casa".

VIENEN LAS TORMENTAS

Como padre espiritual, a mí me preocupa la Iglesia. La gente se enorgullece de que sus vidas carezcan de estructura, como si la falta de disciplina fuera sinónima de la humildad. ¿Puedo ser franco? Creo que Dios no define la falta de disciplina como humildad, sino como desobediencia.

No me estoy haciendo legalista, sino que hago un llamamiento de obediencia. Jesús le dijo a la Iglesia en Su Gran Comisión que hicieran discípulos que obedecieran todo lo que Él les había "mandado" a los primeros discípulos (Mateo 28:20). En efecto, hay un momento en que la gente necesita amor y sanidad. Pero hay otro en que tenemos que responder al amor de Dios. De hecho, Su amor es el que quiere reconstruir  nuestras vidas sobre un fundamento que aguante las batallas y sea victorioso.

¿A qué me refiero específicamente cuando hablo de fundamentos espirituales? Las actitudes antiguas deben ser excavadas de nuestras almas y se deben formar actitudes a la semejanza de Cristo. Debemos dejar de confiar en nosotros mismos, estableciendo una confianza total en Cristo. Debemos sacar de raíz el orgullo y establecer una verdadera humildad. Deben desaparecer la preocupación, el temor y el pecado, estableciendo más bien la oración. Porque Dios nos llama a caminar como redentores, nuestras vidas siguiendo el ejemplo de Cristo.

Podemos unirnos con otros cristianos en nuestra ciudades sobre estos atributos hasta que, en función, nos convirtamos en "morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2:22).

Me estoy refiriendo a algo más que tener las doctrinas correctas. Hablo de actitudes adecuadas, una visión bíblica y una fe teológicamente acertada para que realmente revelemos la vida de Cristo al mundo no salvo que nos rodea.

La visión de la semejanza de Cristo debe ser el enfoque de tanto el liderazgo como las congregaciones. Este ha sido el propósito del Padre desde el principio de los tiempos y sigue siendo Su meta incambiable al final del siglo (ver Génesis 1:26-27; Romanos 8:28-29).

Si edificamos sobre los fundamentos de Cristo, ciertamente estaremos firmes después de la tormenta.
 

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