¿Qué pide Jehová tu Dios de ti? PDF Print E-mail
“Ahora,  pues,  Israel,  ¿qué pide Jehová tu Dios de ti,  sino que temas a Jehová tu Dios,  que andes en todos sus caminos,  y que lo ames,  y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos,  que yo te prescribo hoy,  para que tengas prosperidad? … Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos;  cuida,  pues,  de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma” (Deuteronomio 10:12-13 y 26:16).

ImageComo vimos en nuestra previa meditación, la gracia de Dios provee lo que necesitamos para crecer en una vida de obediencia. Ahora empezaremos a ver  que la ley de Dios demanda obediencia (obediencia de todo corazón), pero no provee los recursos espirituales necesarios para vivir una vida obediente.

Cuando Israel estaba a punto de entrar a la Tierra Prometida, Moisés reiteró lo que la ley de Dios requería. “Ahora,  pues,  Israel,  ¿qué pide Jehová tu Dios de ti,  sino que… andes en todos sus caminos y…que guardes los mandamientos de Jehová… cuida,  pues,  de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma”

Recuerde, los mandamientos de Dios requerían vivir santamente. “Santos seréis,  porque santo soy Yo Jehová vuestro Dios” (Levíticos 19:2). La medida para esta santidad requerida era Dios Mismo. Esto representaba un estándar alto y suntuoso, mucho mas allá de lo que el hombre pudiese alcanzar por su propia cuenta.

Adicionalmente, Dios no los estaba llamando a un comportamiento religioso externo, sino que a una obediencia de todo corazón: “que guardes los mandamientos… cuida… de ponerlos por obra con todo tu corazón”. De lo mas profundo de su ser interno, los hijos de Israel debían de obedecer completamente al Señor. Ellos debían observar verdaderamente y sinceramente todo lo que el Señor había mandado. No podía haber reservaciones o vacilaciones internas.

Lo que la ley demandaba era bueno. “La ley a la verdad es santa,  y el mandamiento santo,  justo y bueno” (Romanos 7:12). Pero, faltaban los recursos. El hombre no podía llenar la medida por su propia cuenta. “por cuanto todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Aún mas, esta ley perfecta no ofrecía ayuda para cambiar al hombre en lo que le requería. “Nada perfeccionó la ley” (Hebreos 7:19). Alabado sea Dios, hay una provisión que puede cumplir lo que la ley no puede. “La introducción de una mejor esperanza”. (Hebreos 7:19). Esa esperanza efectiva  es la gracia de Dios.
 

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