Busquemos la voluntad de Dios PDF Print E-mail
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad,  y estaremos allá un año,  y traficaremos,  y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana.  Porque  ¿qué es vuestra vida?  Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo,  y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere,  viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:13-15)

Promesas basadas en la voluntad de Dios es la categoría adicional de promesas aceptas que consideraremos. A la gente se le oye decir frecuentemente promesas predictivas. “Yo voy a ser un esposo mas fiel el próximo año”, “Yo voy a obtener mejores grados en la escuela este semestre”, “Yo no voy a repetir mis fracasos personales del año pasado”, “Yo voy a mejorar la rentabilidad de mi negocio este trimestre”. Tales promesas solo serían aceptas ante Dios si fuesen hechas condicionadas en la voluntad de Dios. En lugar de eso debemos decir, “Si el Señor quiere,  viviremos y haremos esto o aquello”

La voluntad de Dios debe ser el factor determinante para todos nuestros días. Dios usó a Santiago para reprender el enfocar la vida basado en la voluntad propia “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad,  y estaremos allá un año,  y traficaremos,  y ganaremos” Tales promesas indican la arrogancia que la gente puede abrazar en sus vidas.  “Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias” (Santiago 4:16). Tal arrogancia nos prohíbe vivir por gracia, porque la gracia se imparte al corazón humilde. “revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes” (1Pedro 5:5).

David fue un ejemplo notable de uno que humildemente se rindió a, y buscó, la voluntad de Dios. “El hacer Tu voluntad, Dios mío,  me ha agradado… Enséñame a hacer Tu voluntad,  porque tú eres mi Dios” (Salmos 40:8 y 143:10).  El compromiso exhaustivo de Pablo a la voluntad de Dios pudiera ser visto aún en la forma que él declaró promesas predictivas con relación a sus propios planes de viajar. Conforme dejó Efeso, declaró, “otra vez volveré a vosotros,  si Dios quiere” (Hechos 18:21). Cuando escribió a Corinto, él prometió “iré pronto a vosotros,  si el Señor quiere” (1Corintios 4:19).

Ultimadamente, El Señor Cristo Jesús enseñó y vivió en una manera que estableció la voluntad del Padre como el estándar absoluto. Concerniente a cómo debemos orar,  Él enseñó “Vosotros,  pues,  oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos… Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad,  como en el cielo,  así también en la tierra” (Mat 6:9-10). Él mismo oro de esta manera. “Padre mío,  si es posible,  pase de mí esta copa;  pero no sea como Yo quiero,  sino como Tú” (Mat 26:39).

 

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