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“Estando Josué cerca de Jericó… vio un Varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a Su siervo?” (Josué 5:13-14)
Cuando Moisés dirigió a Israel en pos del Señor para la batalla, le estaba enseñando al pueblo de Dios a vivir por gracia (Lo que involucra que Dios está obrando a favor de Su pueblo). “porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros” (Deu 20:4). Josué demostró esta misma verdad, cuando dirigió al pueblo en la victoria de Dios.
Antes de la primera batalla en Jericó, Dios le dio a Josué la oportunidad de comprometerse al Señor como el Comandante [Príncipe] del ejército de Israel. “Estando Josué cerca de Jericó… vio un Varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” El Señor apareció en la forma de un soldado armado. Josué pregunto si el hombre estaba a favor de Israel o en contra de ellos. El Señor respondió que no era un asunto de estar a favor o en contra de Israel, sino que Él estaba al mando de Israel. “No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a Su siervo?” En ese momento Josué se rindió completamente al Señor como líder del ejército de Dios. Cualquiera victoria tendría que ser suplida por medio de este Príncipe divino. En Jericó, este Príncipe divino causaría que los muros cayeran, conforme Su pueblo confiara humildemente en Él, marchando obedientemente alrededor de la ciudad. “Y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó” (Josué 6:20). En Ai, el Príncipe dio a Josué una estrategia de emboscada doble. “Huiremos, pues, delante de ellos. Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y tomaréis la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos” (Josué 8:6-7). Contra los reyes Amorreos, grandes granizos y un día extendido fueron usados por el Príncipe para obtener una poderosa victoria. “Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras… granizo… Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero” (Josué 10:11; 13). Ya sea por órdenes de marcha perplejas, por medio de estrategia comprensible, por medio de “fenómenos naturales”, o por la extensión milagrosa de tiempo, el Príncipe trajo la victoria. |