La Exaltación y La Humildad PDF Print E-mail

“Mas el publicano,  estando lejos,  no quería ni aun alzar los ojos al cielo,  sino que se golpeaba el pecho,  diciendo: Dios, sé propicio a mí,  pecador… cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:13-14)

     Nuestra meditación presente continúa la parábola de Jesús que advierte en contra de la auto justificación y alienta la humildad de mente. En esta enseñanza, el Señor declara resultados contrastantes para la auto exaltación y la humildad. “Cualquiera que se enaltece,  será humillado;  y el que se humilla será enaltecido”. Los ejemplos contrastantes en la parábola son las oraciones de un líder religioso vanidoso y un publicano contrito. La oración del Fariseo fue dirigida a sí mismo y fue llena de gloriarse acerca de sí mismo. “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres… ayuno dos veces a la semana,  doy diezmos de todo lo que gano” (Lucas 18:11-12).

En notable contraste a esta oración arrogante, artificial, el recaudador de impuestos ni siquiera alzaba su rostro al cielo. En lugar de eso, él golpeaba su pecho cargado por culpabilidad, suplicando humildemente por misericordia. “Mas el publicano, estando lejos,  no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador”.  Su actitud fue como la de David, quien sabía que no podría soportar el justo juicio de Dios. “Y no entres en juicio con tu siervo; Porque no se justificará delante de Ti ningún ser humano” (Salmo 143:2).

Estos dos hombres (que ambos parecían estar orando a Dios) afrontaron resultados drásticamente diferentes. “Os digo que éste [el publicano humilde] descendió a su casa justificado antes que el otro [el líder religioso auto justificado]" (Lucas 18:14). El Fariseo auto exaltado fue humillado. Fue deshonrado delante de Dios y confirmado en su estado culpable, no arrepentido. “Cualquiera que se enaltece,  será humillado”. El humilde recolector de impuestos fue exaltado. A través de dependencia humilde, él fue levantado al ámbito bendecido de la justificación. “mas al que no obra,  sino cree en aquel que justifica al impío,  su fe le es contada por justicia” (Rom 4:5) Él fue declarado inocente, perdonado, justo a los ojos de Dios. “Él que se humilla será enaltecido”.
 

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