El Espíritu Santo Está Derramando Su Poder PDF Print E-mail
El Espíritu Santo Está Derramando Su Poder
Odres Nuevos para Vino Nuevo

Por: James Jankowiak

Dios está derramando cada vez más fuerte, el poder de Su Espíritu Santo sobre Su Iglesia. El quiere que nosotros, como parte de su sacerdocio santo, ejerzamos nuestros dones espirituales para que este mundo necesitado reciba un toque divino real.
    El ministerio de Jesús siempre se manifestaba por medio de sanidades, milagros, señales y el ejercicio de dones sobrenaturales. En Juan 10:37-38  El dice, “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre”. Sencillamente, El acompañaba Sus palabras y enseñanzas con manifestaciones de poder porque sabía que mucha gente tenía que ver para creer.
    El mismo poder del Espíritu está disponible para sus discípulos hoy, porque prometió que ellos iban a hacer obras mayores que El. Por ejemplo, en Hechos 13:52 al 14:3 encontramos que : “..los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo. Aconteció en Iconio…se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios”.
    Como los miembros de la iglesia primitiva, debemos anunciar la Palabra acompañada por sanidades y señales. Hay mucho sufrimiento y enfermedad en el mundo que sólo el poder de Dios a través de Sus representantes (nosotros, los miembros de la iglesia) puede resolver. Nuestro Padre quiere traer la bendición del cielo a la tierra conforme la oración que Jesús nos enseñó: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. ¡Su plan es hacer Su voluntad por medio de nosotros, como Cristo nos dio ejemplo de hacer la voluntad de Su Padre!
    Nuestro campo de acción es donde se encuentra la gente necesitada, no sólo dentro de la iglesia. Como dice una alabanza: “Somos el Pueblo de Dios…Y llevaremos su gloria a cada pueblo y nación, trayéndoles esperanza y nuevas de salvación. Y Su amor nos impulsa. No nos podemos callar. Anunciaremos al mundo de Su amor y verdad”.
    Sin embargo, para llevar a cabo esta obra magnificente de traer el poder sobrenatural del cielo a la tierra, es necesario que mantengamos un balance. En tiempos de fuertes, se dan manifestaciones del Espíritu, por ejemplo, en los avivamientos donde muchas personas se entusiasman tanto que cualquier intento de poner estructura a la operación de los dones da como resultado el comentario respecto a que se está “apagando el Espíritu”. Eventualmente, por falta de dirección y disciplina, el movimiento desaparece y los creyentes se encuentran orando por un nuevo “mover”. Esto es triste porque el plan de Dios es que vayamos de gloria en gloria, de victoria en victoria.
    Por eso Jesús dice en Lucas 5:37-38: “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan”. El vino en este caso es el mover del Espíritu Santo. El mover necesita estructuras adecuadas--los odres nuevos. Todo poder tiene que tener la forma que lo contiene. Es principio de Dios.
    Cuando sólo se enfatizan los dones, las sanidades y los milagros sin prestar bastante atención a que la santidad es conformarse a la imagen de Cristo, que el discipulado que es aprender a poner en práctica toda la enseñanza bíblica y la gran comisión es discipular a las naciones, el resultado es que todo este gran poder se derrama en forma dramática pero no está bien dirigido ni se conserva. O sea, por falta de odres, el vino de disipa y lo que queda es la memoria de lo que hizo Dios.
    Cuando prestamos atención a todo el consejo de Dios (Hechos 20:27) conservamos tanto el vino como el odre. Hay suficiente de los dos para mantener el avivamiento manifestándose en forma permanente. Ésta es la voluntad de Dios. Como ya dije estamos en un tiempo en el que hay derramamiento del poder del Espíritu. ¡Abracémoslo! El no hacerlo es quedarse con los odres viejos que no prestan para el nuevo vino. Es negar el mover de Dios. Pero hagámoslo con la sabiduría de mantener toda la herencia que Dios ya nos dio, incluyendo los odres nuevos para conservar y aumentar las bendiciones para siempre.



 

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