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“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Heb 11:24-25)
La tendencia natural de la humanidad es desear privilegio y placer. Moisés ciertamente tenía estos dos disponibles abundantemente para él en Egipto. Aún así, él demostró el impacto que puede tener confiar en el Señor por medio de rehusar a Egipto y escoger al pueblo de Dios. Cuando la hija de Faraón descubrió al bebé Moisés, ella decidió criarlo como su hijo. “Nació Moisés… y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo” (Hechos 7:20-21). Como un retoño del palacio, Moisés tenía acceso a lo mejor de la educación humana y él llegó a ser proficiente en todo lo que le fue provisto. “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras” (Hechos 7:22). En términos de perspectivas terrenas convencionales, Moisés tenía garantizada una vida de privilegio y placer.
Sin embargo, cuando alcanzó la edad de madurez relativa, su corazón fue atraído en una dirección distintivamente diferente. “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel” (Hechos 7:23). La fraseología implica que él había sido enseñado acerca de su vínculo con los Israelitas conforme él crecía en la familia de Faraón. Eventualmente, su corazón fue inquietado por esta conexión y él tomó una decisión que moldeo su vida, por fe. “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón”. Él decidió renunciar su puesto de privilegio en la familia de Faraón e identificarse con el pueblo de Dios. Él estaba consciente de que esta decisión era una renuncia a una vida llena de placer y que inevitablemente le guiaría al sufrimiento: “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado”. Comprometerse al palacio hubiese sido placentero, pero pecaminoso. Aún mas, esos placeres pecaminosos hubiesen sido temporales. Por el otro lado, la bendición de seguir la dirección del Señor duraría para siempre. La perspectiva celestial de Moisés fue mucho como la del salmista “Porque mejor es un día en Tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Salmo 84:10). |