Por Fe, Gedeón, Barak, Sansón y Jefté. PDF Print E-mail
“¿Y qué más digo?  Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón,  de Barac,  de Sansón,  de Jefté” (Heb 11:32)

   Mucho ha sido notado en estas crónicas de fe con relación a las consecuencias extensivas que aparecen conforme la fe accede a la gracia. Como nuestro presente versículo implica, días y páginas se ven muy cortas para relatar los testimonios  de Gedeón, Barak, Sansón y Jefté – a quienes muchos pueden ver como “ejemplos improbables” de vivir por fe.
   En Gedeón, Dios estaba llamando a un líder improbable como Su instrumento para liberar a Su pueblo. Su respuesta humilde fue, “Ah,  Señor mío,  ¿con qué salvaré yo a Israel?... yo el menor en la casa de mi padre” (Jueces 6:15). La promesa del Señor fue, “Ciertamente Yo estaré contigo,  y derrotarás a los madianitas” (Jueces 6:16). Cuando 32,000 Israelitas se reunieron para la batalla (vea Jueces 7:3), Dios disminuyó el ejercito de Gedeón a un nada impresionante, sobre pasado 300. “Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré” (Jueces 7:7). Gedeón avanzó por fe, y el Señor fue fiel a Su palabra. “Y los trescientos tocaban las trompetas;  y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero… Y el ejército huyó” (Jueces 7:22).
   Una vez mas, en Barak, Otro líder improbable fue seleccionado por el Señor. Primero, él no iría a la batalla a menos que la profetisa Débora lo acompañara. “Barac le respondió: Si tú fueres conmigo,  yo iré;  pero si no fueres conmigo,  no iré” (Jueces 4:8). También, su oponente impío de hecho fue derrotado por otra mujer. “Y Sísara huyó a pie a la tienda de Jael mujer de Heber… Pero Jael… tomó una estaca de la tienda,  y poniendo un mazo en su mano… le metió la estaca por las sienes… pues él estaba cargado de sueño y cansado;  y así murió” (Jueces 4:17, 21).

    En Sansón, tenemos otro ejemplo inesperado de fe. A pesar de que hizo varias hazañas poderosas, a menudo probó ser un hombre vano y tonto (especialmente, con relación a mujeres). Aún así, en su muerte, ganó su victoria mas grande que todas. “Señor Jehová,  acuérdate ahora de mí,  y fortaléceme,  te ruego,  solamente esta vez,  oh Dios… Y los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida” (Jueces 16:28,30).

    En Jefté, tenemos un ejemplo mas, improbable, de fe. Él era el “hijo de una mujer ramera” (Jueces 11:1). Él hizo lo que parecía un voto no sabio (Jueces 11:31). Aún así, ocasionalmente, su confianza en el Señor era evidente. “Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté… y Jehová los entregó en su mano” (Jueces 11:29, 32)
 

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