La comparación con cosas o situaciones conocidas es la mejor manera de entender las no conocidas. Jesús usaba magistralmente este recurso de enseñanza; lo podemos ver en sus parábolas. Por ejemplo, cuando él se sugiere como la vid y a nosotros nos compara con pámpanos, con la intención que comprendamos el cómo y el por qué de llevar fruto. Recurre a algo que conocemos, que los pámpanos (ramas) no producen el fruto, sólo lo dejan crecer y desarrollar, pues es la savia que viene desde el tronco de la vid la que lo produce.
Gracias a eso hemos logrado entender que, aunque no tenemos en nosotros mismos la habilidad de producir fruto, al estar en Cristo él nos capacita por su Espíritu para llevarlo o manifestarlo. Conociendo esta ventaja de las comparaciones, un día mientras meditaba en cómo el ministerio quíntuple se supone equipar a la iglesia, mi mente recordó que la iglesia es comparada a un cuerpo. Por tanto me pregunté: ¿cómo es que el cuerpo humano recibe su capacitación, su información para funcionar armoniosamente como uno, bajo la dirección de la cabeza? Y, se me ocurrió que de la misma manera que el cuerpo humano recibe su perfección y equipamiento a través de los cinco sentidos, pues toda la información que poseemos nos viene a través de alguno de ellos, de igual manera, el cuerpo de Cristo, recibe su equipamiento a través de los cinco ministerios.
Por eso los consideré "Los Cinco Sentidos Espirituales", y la comparación me resultó fascinante e informativa. Estoy seguro que esta comparación nos ayudará a entender mejor la función de los dones ministeriales y su importancia en nuestra vida.