“Os encomiendo a Dios, y a la palabra de Su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia… recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Hechos 20:32 y Santiago 1:21)
La exhortación de Pablo a los seguidores de Cristo Jesús fue que “permaneciesen en la fe” (Hechos 14:22). “La fe” (en la cual debemos continuar) es la palabra de Dios. Pablo la llamó más tarde “la palabra de Su gracia”. Puesto que la palabra de Dios está permeada con Su gracia, es capaz de hacer cosas gloriosas en nuestra vida. Santiago escribió de “la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. Dios quiere plantar Su palabra en corazones humanos para que la palabra pueda llevar fruto allí. Esto es cómo el Señor inició Su obra en nosotros: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1Pe 1:23). Por medio de comunicarnos Su palabra (a través de la predicación, enseñanza, testimonio o evangelismo), Dios plantó la semilla eterna, incorruptible de “la palabra de Su gracia” en nuestra vida. Conforme creímos en Él, la semilla de la palabra germinó en nuestro corazón para vida eterna. Ahora, el Señor quiere continuar sembrando Su semilla dadora de vida en nuestra vida para que podamos crecer, madurar y abundar en Él.
Nuestro rol involucra una receptividad humilde de Su palabra. “recibid con mansedumbre la palabra implantada”. Debemos de tomar las escrituras continuamente con un sentido de necesidad personal urgente. Tal actitud indicaría acuerdo con las palabras de Jesús. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat 4:4). Nosotros no podemos continuar verdaderamente en gracia sin participar regularmente de “la palabra de Su gracia”.
Si humildemente tomamos la palabra de Dios consistentemente, la gracia de Dios obrando a través de la palabra demostrará el poder transformador de la Biblia: “la cual puede salvar vuestras almas”. Esta obra libertadora de las escrituras no está limitada a la justificación (eso es, salvarnos de la culpa y condenación del pecado). También incluye santificación (eso es, salvándonos de la influencia tentadora y controladora del pecado en la vida diaria).
Jesús oró por Sus seguidores concerniente a esta obra santificadora de la palabra de Dios. “Santifícalos en tu verdad; Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La palabra de Dios es capaz de hacer nuestra vida todo lo que Él quiere que sea: “la palabra de Su gracia, que tiene poder”.