Más sobre la Palabra de Su Gracia PDF Print E-mail
“Os encomiendo a Dios, y a la palabra de Su gracia, que tiene poder… Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis en Mi palabra,  seréis verdaderamente mis discípulos… Por esto mismo os he enviado a Timoteo… el cual os recordará mi proceder en Cristo,  de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (Hechos 20:32; Juan 8:31; 1Co 4:17).

La gracia de Dios caracteriza Su palabra: “Os encomiendo a Dios, y a la palabra de Su gracia”. Esta presencia de gracia que permea las escrituras es lo que hace que la palabra de Dios sea tan capaz de efectuar cambios píos en nuestra vida: “la palabra de Su gracia, que tiene poder”. Por esto es que el Señor quiere que continuemos en Su palabra “permaneciesen en la fe” (Hechos 14:22). También, permanecer en la palabra permite al Señor recordarnos de cosas concernientes a la gracia, cosas que necesitamos oír una y otra vez. Jesús llamó a los santos profesantes a continuar en Su palabra. “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permaneciereis [continuarais] en Mi palabra,  seréis verdaderamente mis discípulos” Es imposible vivir verdaderamente como seguidor de Jesús sin permanecer en Su palabra. La vida cristiana se vive por gracia. La Biblia es: “la palabra de Su gracia”. No podemos seguir a Jesús por gracia aparte de escuchar regularmente de Su gracia. La distorsión natural de nuestra humanidad (incluyendo, la carne de creyentes verdaderos) es hacia obras humanas y rendimiento de la ley. Esta es una razón por la cual el Señor quiere que oigamos de Su gracia efectiva día por día.
El ministerio de recordar es parte de este proceso. El Apóstol Pablo envió a su compañero de ministerio, Timoteo, a recordar a los santos de cosas sobre las que él mismo  había expandido previamente en todas las iglesias. “Por esto mismo os he enviado a Timoteo… el cual os recordará mi proceder en Cristo,  de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias”. Más tarde, después de que Timoteo se convirtió en pastor en Éfeso, Pablo le escribió urgiéndolo que recordase a los santos de algunos elementos básicos de la gracia (asuntos pertinentes a la fidelidad de Dios). “Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él,  también viviremos con él; Si sufrimos,  también reinaremos con él; Si le negáremos,  él también nos negará. Si fuéremos infieles,  él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo. Recuérdales esto” (2Ti 2:11-14). Tales verdades vitales deben ser consideradas repetidamente. El Apóstol Pedro sabía que sería equivalente a irresponsabilidad personal descuidar la importancia de recordatorios. “Por esto,  yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo,  el despertaros con amonestación” (2Pe 1:12-13)
 

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