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“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” (Heb 12:28)
Nosotros los que seguimos a Jesús habitamos en un reino único, el reino de Dios. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos” (Fil 3:20). Para poder servir al Señor aceptablemente, debemos de aprender a servir en una manera única, celestial -- por gracia. Todos nosotros comenzamos en un reino diferente que el del Señor. Estábamos bajo la influencia poderosa de tiniebla espiritual. Existíamos en un ámbito desprovisto de amor verdadero. Entonces, nuestro gran Dios nos rescató, trayéndonos a un reino de luz y de amor: “dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col 1:12-13). Más aún, en ese reino anterior, éramos fácilmente amenazados por medio de toda manera de inestabilidad. Nuestra vida estaba edificada sobre la arena de especulaciones filosóficas e inadecuaciones humanas. Ahora estamos en “un reino inconmovible”. Entramos a este reino por la provisión sólida como roca de la gracia, y permanecemos firmes en esta misma gracia hoy en día “justificados gratuitamente por Su gracia… tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Rom 3:24; 5:2). Cuando las circunstancias cambian, no necesitamos ser tambaleados. Nuestro Rey y Su gracia están disponibles constantemente y siempre son suficientes. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb 13:8).
Cuando recibimos al Rey como nuestro Señor y Salvador (vea Juan 1:12), La plenitud de los recursos de Su reino se convirtieron nuestra porción para siempre. Dios “nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efe 1:3). Aunque, en un sentido profundo, estamos aún recibiendo Su reino. “recibiendo nosotros un reino inconmovible”. Este proceso de recibir está compuesto de apropiación práctica de las provisiones de Su reino, por medio de la fe. La provisión de gracia es estratégica especialmente, puesto que es así como servimos a Dios aceptablemente. “Tengamos gratitud [gracia], y mediante ella sirvamos a Dios agradándole [aceptablemente]”. Somos llamados a servir a nuestro Rey. No le podemos servir meramente tratando de hacer lo mejor que podamos. Eso sería rendimiento bajo ley, energizado por la carne. Necesitamos tener gracia como nuestra fuente de poder, tal como lo tuvo la iglesia primitiva. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hechos 4:33). Desear ministrar por gracia permite que nuestro servicio fluya aceptablemente como adoración al Señor: “con temor y reverencia”. |