|
“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra… y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hechos 4:29, 31, 33)
Aquellos que sirven a Dios aceptablemente, deben hacerlo por gracia. “Tengamos gratitud [gracia], y mediante ella sirvamos a Dios agradándole [aceptablemente]” (Heb 12:28). Aquellos que sirven por gracia encuentran que el denuedo de la gracia se desarrolla en su vida. La Iglesia primitiva dio testimonio de esta realidad. Pronto después de la ascensión de Jesús y el derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos estaban proclamando a Jesús denodadamente a través de Jerusalén. Esto fue extremadamente agraviante para los líderes religiosos: “resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos” (Hechos 4:2). Cuando ellos arrestaron a los discípulos, Pedro predicó denodadamente a Jesús delante de las autoridades Judías. “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12).
Esta osada aplicación de la profecía y proclamación del evangelio maravilló al establecimiento religioso. “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan… se maravillaban” (Hechos 4:13). Aún así, en la dureza de su corazón, amenazaron aún más a los discípulos. Siendo liberados, ellos reunieron a la iglesia para orar por denuedo continuo. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. La respuesta a esta oración fue otra llenura con el Espíritu, resultando en mayor denuedo. “y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. Esta llenura con el Espíritu Santo trajo grandes medidas de la gracia de Dios a operar activamente en sus vidas, sustentando este poderoso testimonio del Cristo resucitado. “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos”. Éste es el denuedo del nuevo pacto de gracia. “Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza” (2Co 3:12). Esta esperanza es confianza del nuevo pacto, la cual es parte de la vida abundante que Dios nos trae por medio de Su Espíritu de gracia: “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica” (2Co 3:6) |