|
“Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento… por la gracia que de Dios me es dada… Mucha franqueza tengo con vosotros” (Rom 15:15 y 2Co 7:4)
Cuando la gracia de Dios está operando en la vida de Su pueblo, el denuedo espiritual es un resultado común. Éste fue claramente el testimonio de la Iglesia primitiva. “Hablaban con denuedo la palabra de Dios… y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hechos 4:31, 33). El Apóstol Pablo experimentó este mismo denuedo, conforme ministró por la gracia de Dios. “Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento… por la gracia que de Dios me es dada” Las cartas de Pablo mostraban a menudo el denuedo de la gracia. Romanos no fue una excepción. Conforme él aplicó las verdades radicales del evangelio de gracia (dado en los primeros capítulos de Romanos), él habló con un denuedo característico. Su exhortación a que pongamos nuestra vida en el altar de Dios es un ejemplo principal. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom 12:1-2).
Su llamado a ser vestidos de Cristo, sin dejar espacio para tendencias carnales, es otro ejemplo notable. “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Rom 13:13-14). Su pronunciamiento con relación a la propiedad que el Señor tiene de nuestra vida es una ilustración más. “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Rom 14:8). Cuando Pablo escribió a los santos en Corinto, El denuedo de la gracia fue evidente otra vez. “Mucha franqueza tengo con vosotros”. Justamente antes de esta confesión de denuedo, él había hecho un requerimiento radical con relación a una separación pía de las contaminaciones del mundo. “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente” (2Co 6:14-16) |