Dios Dando Gratuitamente, el Hombre Recibiendo Humildemente
“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará [gratuitamente] también con Él todas las cosas?... ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (Rom 8:32 y 1Co 4:7)
El plan del Señor para rescatar y transformar vidas por Su gracia está establecido sobre el Hijo de Dios siendo dado por nosotros como sacrificio por nuestros pecados: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros”. Esta dádiva del Hijo de Dios nos asegura que Dios también nos dará con Cristo todo lo que necesitemos. “¿cómo no nos dará [gratuitamente] también con Él todas las cosas?” El dar de Dios debe ser aparejado con el recibir del hombre. Conforme Dios está dando gratuitamente al hombre, Él quiere que el hombre esté recibiendo humildemente de Él. Cada bendición que tenemos fue recibida de Dios. “¿o qué tienes que no hayas recibido?” No hay ninguna otra fuente que no sea el Señor arriba de la cual podamos recibir verdaderos beneficios espirituales. “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo” (Juan 3:27). El gozo de tener a Jesús morando en nuestra vida como hijos de Dios se hizo verdad por medio de nosotros recibiéndole a Él. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
El hecho de que ahora estemos reconciliados con Dios y ya no seamos Sus enemigos está basado en nosotros recibiendo el don de la reconciliación. “Nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Rom 5:11). El privilegio de servir al Señor en ministerio es un don de gracia para ser recibido: “el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24). Los dones espirituales que necesitamos para capacitarnos en nuestro ministerio es otra bendición recibida del Señor. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros” (1Pe 4:10).
Desde la salvación inicial hasta el crecimiento y servicio, todo lo que es necesario debe ser recibido del Señor. Esta es una realidad alentadora. Aún así, también es una verdad humillante. No deja lugar para que nosotros nos gloriemos en nosotros mismos. “Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?”