Relacionándose Correctamente al Dios de Toda Gracia
“El Dios de toda gracia… para alabanza de la gloria de Su gracia… La gracia de nuestro Señor Jesucristo… al Espíritu de gracia?” (1Pe 5:10; Efe 1:6; Apo 22:21 y Heb 10:29)
Nuestro Señor Dios es “el Dios de toda gracia”. La gracia exhaustiva e infinita de Dios es característica de toda la Deidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). El Padre será honrado por siempre por Su gracia, así lo leemos: “para alabanza de la gloria de Su gracia”. El Hijo hace disponible esa gracia a todos los que creen, así que es llamada “La gracia de nuestro Señor Jesucristo”. El Espíritu aplica esa gracia en el corazón de todos los que siguen a Cristo Jesús, Así que Él es llamado el “Espíritu de gracia”. La gracia se encuentra solo en Dios. Por lo tanto, uno debe relacionarse correctamente al Dios de Toda gracia para poder recibir todo lo que Él desea darnos en cumplimiento de Sus propósitos y glorificación de Su nombre. La forma fundamental para relacionarse al Dios de gracia es el desarrollo de una relación personal. Llegar a conocer a Dios es el todo de la vida con el Señor. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). De hecho, conocer al Señor es el máximo tesoro del hombre en toda la creación. Cualquier otra cosa que compita debe ser considerada como pérdida.
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil 3:7-8). No es sorprendente entonces que llegar a estar familiarizado incrementalmente con el Señor sea la forma en la que Su gracia impacta nuestra vida. “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús” (2Pe 1:2).
Conforme estamos llegando a conocer más y más al Dios de toda gracia, Él está desarrollando dos realidades relacionales estratégicas en nuestra vida: humildad y fe. Nosotros hemos visto estas dos cualidades espirituales muchas veces a través de nuestras meditaciones. Reflexionar repetidamente sobre estas dos realidades es apropiado, ya que ellas descubren el corazón práctico de vivir diariamente por la gracia de Dios. “Revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes” (1Pe 5:5). La gracia de Dios es dada a aquellos que “[caminan humildemente] ante [su] Dios” (Miqueas 6:8). De igual manera, la fe tiene entrada a la gracia. “Tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Rom 5:2). Caminar en dependencia humilde es la forma de relacionarse correctamente al Dios de toda gracia.