Más sobre Relacionándose Correctamente al Dios de Toda Gracia (II) PDF Print E-mail

“El Dios de toda gracia… No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos,  sino que nuestra competencia proviene de Dios… cuanto es Mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (1Pe 5:10; 2Co 3:5 y Heb 8:6)

Si vamos a vivir por gracia como es la intención de Dios, debemos llegar a conocer al “Dios de toda gracia”. Conforme llegamos a conocerle, humildad y fe se desarrollan en nuestra vida. Ellas son realidades relacionales. Llegan a ser real en nuestra vida como resultado de llegar a conocer mejor y mejor al Señor. Conforme caminamos con el Señor en dependencia humilde, estamos viviendo por la gracia de Dios. El Señor da gracia a los humildes (1Pe 5:5 y Santiago 4:6), y la fe tiene entrada a la gracia (Rom 5:2; 4:16). Las escrituras indican que hay muchas maneras de relacionarse correctamente al Señor en humildad y fe. En nuestra meditación previa, vimos que vivir por el Espíritu y vivir por el poder de resurrección son dos ejemplos de esta verdad. Ahora, consideraremos dos ejemplos más. Vivir por la suficiencia de Dios es una oportunidad profunda para relacionarse con el Señor en humildad y fe. Esta perspectiva celestial principia con una declaración de nuestra incapacidad personal. “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos”.

Es verdad que nosotros discípulos de Cristo Jesús somos tan inadecuados que somos incapaces de producir algo de la vida Cristiana por nosotros mismos. Jesús Mismo enseñó este hecho radical. “Separados de Mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Si abrazamos esta verdad humillante, estamos caminando en humildad delante del Señor. La declaración correspondiente nos señala a la fuente que necesitamos. “sino que nuestra competencia proviene de Dios”. Solo los recursos de Dios son suficientes para producir la clase de vida espiritual fructífera que Dios nos llama a vivir. Jesús también enseñó esta gran verdad. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí,  y Yo en él, éste lleva mucho fruto” (Juan 15:5). Si aceptamos esta verdad alentadora, estamos caminando en fe para con el Señor.

Vivir por las promesas de Dios ofrece otra oportunidad significante para relacionarse al Señor en humildad y fe. Él “es Mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas”. Las promesas del antiguo pacto de ley (que básicamente son, “cumple estos mandamientos, y vivirás” – vea Lev 18:5) dependen de la habilidad y fidelidad del hombre. Las promesas mejores del nuevo pacto de gracia dependen de la habilidad y fidelidad de Dios. Abraham estaba “plenamente convencido de que [Dios] era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Rom 4:21). Sara “creyó que era fiel quien lo había prometido” (Heb 11:11). Es humillante saber que no podemos operar suficientemente bien para disfrutar las promesas de la ley. Por el contrario, es edificador de fe saber que podemos confiar en que el Señor cumplirá todas Sus promesas de gracia.
 

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