|
“Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame… Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Lucas 9:23 y Gal 6:14)
Seguir a Jesús como discípulo es una forma de relacionarse correctamente al Señor en humildad y fe. El primer aspecto de seguir a Jesús involucra renunciar a la vida del ego. “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo”. Ciertamente es humillante admitir que cualquier vida que desarrollemos por medio de nuestros propios recursos naturales es inaceptable al Señor y debe ser repudiada. El siguiente aspecto de ser un discípulo también es humillante. Este segundo asunto en el discipulado es la cruz: “tome su cruz”. Cuando Jesús habló de la cruz, Él estaba hablando del mayor instrumento de ejecución en Su día. Consecuentemente, después de renunciar al ego, debemos confesar muerte para el ego. El medio para esta muerte es la cruz de Cristo. Aquellos que quieren seguir a Jesús como discípulos deben de tomar la cruz de Cristo como su propia cruz personal. Al hacerlo así, están admitiendo a Dios que ellos merecían morir en esa cruz. “Porque la paga del pecado es muerte” (Rom 6:23).
Aún más, ellos se están poniendo de acuerdo con la palabra de Dios de que Jesús murió en esa cruz en lugar de ellos. “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1Co 15:3 y 1Pe 2:24). Este evangelio (el cual trae perdón de pecados a todo el que cree) incluye la verdad esencial de la resurrección. “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado… Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1Co 15:1; 3:3-4). Otro beneficio maravilloso de la cruz es que nosotros que creemos en Jesús también morimos allí con Él. “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él” (Rom 6:6), La vida vieja del ego que nosotros estábamos desarrollando mientras estábamos “en Adán” (1Co 15:22) fue ejecutada en la cruz con Cristo. Sí, la cruz es el camino para salir de este mundo de pecadores muertos, y nosotros nos podemos jactar justamente en esa verdad. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Mientras tanto, las actitudes y los recursos del viejo hombre persisten en nuestra carne (nuestra humanidad natural). Por lo que, debemos renunciar al ego y confesar muerte al ego día por día: “niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día”. |