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“Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame… Mis ovejas oyen Mi voz, y yo las conozco, y Me siguen” (Lucas 9:23 y Juan 10:27)
Como hemos estado considerando, seguir a Jesús como discípulo es otra forma de relacionarse correctamente al Señor en humildad y fe. Los términos de discipulado son renunciar a la vida del ego y confesar muerte a la vida del ego. “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día”. Inicialmente y continuamente, estas respuestas, humildes y confiadoras, a Jesús tratan con el ego, el cual es la obstrucción básica para seguirle a Él. Dos palabras sencillas expresan el corazón mismo del discipulado: “y sígame”. El todo de la vida cristiana puede ser resumido y completado en esta relación profunda de buscar un caminar humilde y confiado con el Señor. Es la voluntad de Dios de que crezcamos en Su gracia toda suficiente. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2Pe 3:18). Jesús vino rebosando con esa gracia. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Conforme lo seguimos a Él en dependencia humilde, Él derrama Su gracia en nuestra vida.
Jesús tiene todo lo que necesitamos. En Él residen los recursos completos de la Deidad que nosotros necesitamos para plenitud personal. “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él” (Col 2:9-10). En Él, se encuentra contenida toda la sabiduría y el conocimiento: “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2:3). Jesús es la vida misma que somos llamados a vivir: “Cristo, vuestra vida,” (Col 3:4). Él es nuestro “todo, y en todos” (Col 3:11). Necesitamos al Señor Jesús como las ovejas necesitan un pastor. De hecho, nuestro caminar de discipulado con Cristo está representado en las escrituras como ovejas siguiendo a un pastor. Aquellos que están en el mundo son como ovejas sin pastor. Que cuadro de necesidad es ese. “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat 9:36). Jesús, nuestro pastor, es el pastor máximo. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor Su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Habiendo muerto por nosotros, nuestro pastor quiere guiarnos en nuestra vida. “Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y Me siguen” (Juan 10:27). En dependencia humilde, nosotros podemos oír Su voz por medio de Su palabra y ser guiados por Su Espíritu. De esa manera entramos a la plenitud de la gracia que Dios tiene para nosotros durante nuestra peregrinación aquí en la tierra. |