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“El Dios de toda gracia… Orad sin cesar” (1Pe 5:10 y 1Th 5:17)
Estas dos frases bíblicas son correlaciones ideales. La única forma que podemos vivir según es la intención de Dios es por gracia. Nuestro Dios es la fuente de toda gracia. De la gracia de Dios debe tomarse por medio de humildad y fe. La oración es la expresión más apropiada de humildad y fe. Oramos, porque necesitamos la ayuda de Dios (de esa manera, expresamos humildad). Oramos, porque creemos que Dios nos ayudará (de esa manera, ejercitamos la fe). Consecuentemente, orar sin cesar es una forma sencilla, a la vez profunda, para relacionarse correctamente con el Dios de toda gracia. “Orad sin cesar”. Este mandamiento no requiere la recitación incesante de oraciones. En lugar de eso, es un llamado a una forma de vida: “constantes en la oración” (Rom 12:12). Orar sin cesar es una actitud del corazón, tan bien como estar dirigiendo oraciones al Señor consistentemente. Orar sin cesar es tener al hombre interior enfocado en una dependencia humilde del Señor, a la vez que dirigiendo consistentemente oraciones actuales al Señor.
Pablo fue tal hombre de oración. El Señor era definitivamente el objeto de sus expectaciones: “el Señor Jesucristo nuestra esperanza” (1Ti 1:1). Adicionalmente, él ofrecía oraciones al Señor consistentemente. “sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones… no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones… sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día” (Rom 1:9; Efe 1:16 y 2Ti 1:3). Note también, las oraciones de Pablo incluían recurrentemente oraciones por otros. Aquellos que viven por gracia desarrollan corazones de intercesión, orando que otros puedan disfrutar la gracia de Dios también. Es común encontrar vidas de oración entre los ejemplos espirituales de las escrituras. David claramente fue uno que oraba sin cesar. Gran porción de sus salmos están dirigidos al Señor en oración. Algunos testifican de su habito de la oración. “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz” (Sal 55:17). Jeremías fue un hombre de oración. “Oh Jehová, fortaleza mía y fuerza mía, y refugio mío en el tiempo de la aflicción... Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo…Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo” (Jer. 1619; 17:14 y 18:19). Daniel también fue un hombre de oración. “se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Dan 6:10). De igual manera, todos los que quieren vivir por gracia incrementalmente llegan a ser gente de oración. |