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“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él; arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Col 2:6-7)
La manera en la que recibimos al Señor es la mismísima manera en la que debemos andar en Él. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él”. Le recibimos por gracia, debemos caminar por gracia. Nacimos de nuevo por el Espíritu, debemos caminar por el Espíritu. Lo que es más, cuando primeramente recibimos a Cristo, Él era nuestra única esperanza. Ahora, debemos caminar con Él de la misma manera. Es bueno recordar cómo Jesús era el enfoque exhaustivo de nuestro comenzar con Él. Cuando le recibimos a Él y Su perdón, sabíamos que Él tenía que proveer todo lo que era necesario para nuestra salvación. Nos pusimos de acuerdo con la palabra de Dios de que no había otra esperanza aparte de Jesús. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí…Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Juan14:6 y Hechos 4:12).
Sabíamos que no podíamos suplir nada por nosotros mismos. Estábamos muertos espiritualmente, no teníamos ninguna justicia: “muertos en vuestros delitos y pecados… todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Efe 2:1 e Isa 64:6). Habíamos entrado a la condición bendita de ser convencidos de nuestra propia banca rota espiritual. “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mat 5:3). Jesús era nuestro enfoque exhaustivo, nuestra única esperanza. Esto es como debemos caminar con Él hoy. Necesitamos tanto al Señor Jesús ahora para vivir la vida Cristiana, como le necesitamos al principio para ser nacidos en ella. Para crecimiento y victoria y fructificación, Él es en quien debemos enfocarnos. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él; arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” Necesitamos estar arraigados en Él, teniendo nuestra fe extendiéndose a Él por alimento y fortaleza, así como las raíces de un árbol se extienden en la tierra. Necesitamos ser sobreedificados en Él, teniendo nuestra vida desarrollada por Su obra en nosotros. Necesitamos ser establecidos, confirmados en la fe, permitiéndole estabilizarnos a través del estudio de Su palabra. Esto guiará a vidas de apreciación sobre abundante, agradecidos de que “Cristo es el todo, y en todos” (Col 3:11). Verdaderamente, necesitamos al Señor Jesús tanto ahora para vivir la vida Cristiana, como lo necesitamos al principio para nacer de nuevo a ella. |