“La multiforme gracia de Dios… Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo… Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu” (1Pe 4:10; 2Pe 3:18 y Gal 6:18)
La multiforme gracia de Dios es una verdad tan apropiada para nuestra meditación final. Es a la vez humillante y edificador de fe el ser recordados de la diversidad majestuosa de la gracia de Dios. La gracia de Dios es multiforme. Es como un diamante celestial con innumerables facetas. Cada punto de vista refleja una nueva iluminación a los recursos de gracia de nuestro Señor. Desde algunos puntos de vista bíblicos, se ve la gracia justificadora de Dios: “justificados gratuitamente por Su gracia” (Rom 3:24). Aún así, nuestros estudios devocionales se han concentrado en gracia santificadora, gracia para crecimiento. “Antes bien, creced en la gracia”. Muchas vistas demuestran esta gracia santificadora en su multiforme belleza. Puede verse estabilizando al hombre interior “buena cosa es afirmar el corazón con la gracia” (Heb 13:9). Tambén puede verse en su habilidad edificadora. “Os encomiendo a Dios, y a la palabra de Su gracia, que tiene poder para sobreedificaros” (Hechos 20:32). Desde otro ángulo, la gracia santificadora de Dios se puede ver por su capacidad fortalecedora. “Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2Ti 2:1). También puede ser observada en su rol de productora de fruto: “y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad” (Col 1:6).
También puede ser vista en su función desarrolladora de ministerio. “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y Su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Co 15:10). Desde otro punto de vista aún, la gracia santificadora de Dios puede ser vista sustentando a través de la agonía de las “imposibilidades espinosas” de uno. “Bástate Mi gracia” (2Co 12:9). Cuanta riqueza celestial nos espera en una vida de observar y apropiarnos la multiforme gracia de Dios.
¿Qué palabras finales serían apropiadas para nosotros ahora? La bendición final en tantas epístolas del Nuevo Testamento sería perfectamente apropiada. “Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu” (Gal 6:18). Ultimadamente y esencialmente, la gracia se encuentra en el Señor Cristo Jesús Mismo, y es experimentada a través de Su obra en nuestros corazones, conforme nosotros buscamos humildemente conocerle a Él más y más. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”