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“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesús el Cristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9)
Dios quiere que conozcamos Su gracia. Quiere que aprendamos sobre ella y luego que la experimentemos obrando en nuestras vidas. La Gracia ha sido descrita justamente, como “favor inmerecido”. El acróstico (en inglés) “las Riquezas de Dios A Cuentas de Cristo”, capta mas de su majestad. Gracia es Dios proveyendo gratuitamente para nosotros (conforme confiamos en la obra de Su Hijo) todo lo que necesitaremos, todo lo que añoremos, todo lo que Él nos ha mandado caminar y llegar a ser, realidades que nosotros nunca podríamos producir por nosotros mismos, nunca podríamos ganar y nunca podríamos merecer. Gracia ofrece lo que todo humano necesita desesperadamente, pero que solo Dios puede proveer. Esta gracia se encuentra solo en una persona, el Señor Jesús. Es la gracia de nuestro Señor Jesús el Cristo”.Así que solo es accesible a través de una relación personal permanente con Él.
La Gracia fue hecha disponible para nosotros por la voluntad de Jesús de tomar nuestra banca rota espiritual sobre Sí mismo, para que fuésemos capaces de participar de Su riqueza espiritual. Antes de descender a la tierra, Jesús disfrutó riquezas celestiales arriba (“siendo rico”) El conoció la infinitamente rica comunión del Padre y del Espíritu. Él recibió la rica adoración de seres angelicales. Él disfruto las prerrogativas ilimitables de la deidad. Luego, por nuestro beneficio, Jesús voluntariamente se hizo pobre (“por amor a vosotros se hizo pobre”). Él se humilló a Sí mismo a caminar como hombre entre la humanidad pecaminosa. Él, quien fue adorado arriba, llegó a ser despreciado abajo. Él, quien brillaba en divinidad gloriosa en el cielo, fue vestido con humilde humanidad en la tierra. Él que creó todas las cosas, fue asesinado por aquellos a quienes creó. Él, quien siempre existió en la eternidad pasada, murió en el tiempo. Él quien fue santo, tomó nuestro pecado sobre Sí mismo. A través de esta obra de Su gracia, todos los que crean en Él llegarán a ser espiritualmente ricos (“para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”) Ahora, nosotros cuya “justicia era como trapos de inmundicia” (Isaías 64:6) hemos llegado a ser “la justicia de Dios en Él” (2 Corintios 5:21). Nosotros, que “en otro tiempo no éramos pueblo… somos ahora el pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10). Ahora, hemos sido “bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3) |