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“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” (Juan 1:14, Juan 1:16)
Uno de los títulos de Dios, el Hijo, es La Palabra. Cuando Él, Jesús, se hizo hombre, Él era el mensaje de Dios encarnado, Su Palabra para la humanidad. Conforme los primeros discípulos observaron a Jesús viviendo Su vida perfecta de santidad, ellos estaban viendo a la revelación gloriosa del Hijo excepcionalmente concebido (eso es, nacido de una virgen). Su vida era una demostración sobreabundante de gracia divina y verdad. Jesús nos mostró la clase de vida que la gracia de Dios podría estar desarrollando en nosotros – una vida de verdad, una vida de realidad santa. Jesús vino como Aquel que ofrece esa plenitud de gracia a todos los que confiarían en Él.
Ahora, para todos los que están dependiendo de Él día por día, la vida es explicada y desarrollada “gracia sobre gracia” La gracia de Dios recibida establece primero una capa (estrato) de perdón y de nuevo nacimiento espiritual. Luego, capas (estratos) de crecimiento, transformación, fructividad, victoria, madures, servicio, etc., son añadidas conforme Su gracia es apropiada por medio de la fe. Sí, la vida cristiana debe ser “gracia sobre gracia” – sobre gracia, sobre gracia, sobre gracia – ¡hasta que estemos algún día, cara a cara con nuestro señor de gracia! Donde quiera que nos encontremos en nuestro peregrinaje espiritual, nuestro progreso ha venido de recibir, por fe, de Su plenitud de gracia. Lo que sea que quede por ser completado debe acontecer en la misma manera, recibiendo mas plenamente de Su plenitud. ¡Oh, que plenitud está aún disponible para nosotros en la gracia de nuestro Señor Jesús el Cristo! |