“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14)
El pecado domina la vida de cada uno, a menos que estén aprendiendo del remedio de Dios. La Gracia es nuestra única esperanza de que el pecado no dominará mas nuestras vidas. Aún mas, la Gracia es una esperanza suficiente de que el pecado no tiene que ejercer una influencia dominante sobre nosotros. Antes de venir a la fe en Cristo Jesús, estábamos bajo el dominio completo del pecado. Estábamos condenados delante de Dios debido a nuestro pecado. Otros tal vez no se daban cuenta de nuestra condición verdaderamente pecaminosa. Aún así, estábamos tan controlados por el pecado que Dios nos llamó “esclavos del pecado” (Romanos 6:6) La ley no nos trajo ninguna esperanza de escape. De hecho, la ley nos condenó (Romanos 3:19).
Nunca hubiéramos podido encontrar libertad de la condenación del pecado por medio de tratar de comportarnos mejor bajo la ley de Dios, porque “el hombre no es justificado por las obras de la ley” (Galatas 2:16). Por el otro lado, la Gracia de Dios es nuestra esperanza completamente efectiva. Hay perdón de pecados por Su Gracia (Efesios 1:7) Hay justificación por medio de la fe por la gracia de Dios (Galatas 2:16) Hay crecimiento en la vida espiritual por la gracia de Dios (2 Pedro 3:18) Ninguna de estas bendiciones celestiales llegaron a ser nuestras por tratar, por medio de nuestra habilidad propia, de vivir conforme al estándar de la ley del Dios Todo Poderoso.
Nuestra relación con el Señor es basada sobre Gracia no sobre la ley. Nosotros comenzamos a caminar con el Señor por Su gracia operando a nuestro favor. Continuamos caminando con Él por Su gracia trabajando en nuestras vidas.