“Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia pues nada perfeccionó la ley, y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.” (Hebreos 7:18-19)
Dios revela por medio de Su palabra que Su ley tiene una inhabilidad estratégica. Hay una arena en la cual la ley tiene una “debilidad e ineficacia” La ley demanda perfección, pero no ofrece recursos perfeccionadores. Esta incapacidad no se debe a ningún descuido de parte de Dios. Sino que, esta ineficacia está relacionada a aquello que nunca fue la intención de Dios que la ley cumpliera. La ley de Dios no fue dada al hombre como un medio para ser perfeccionado, eso es, de ser cambiado espiritualmente. La ley nos dice lo que Dios quiere ver en las vidas, pero la ley no provee recursos para efectuar los cambios necesarios. Consecuentemente, tratar de iniciar o desarrollar una relación con Dios dependiendo de nuestro mejor comportamiento, siempre será un proyecto sin esperanza. Cualquiera que desee acercarse a un Dios santo y perfecto, deberá tener una expectación mas efectiva que su propio mejor comportamiento, medido por la ley santa de Dios. Cualquiera que quiera conocer a Dios, caminar con Él, vivir con Él a través del tiempo y la eternidad, deberá encontrar una mejor esperanza que la ley de Dios. La ley de Dios no nos puede dar un requisito inicial para estar delante de Dios, eso es, no nos puede justificar. La ley también es incapaz de desarrollar un caminar continuo de santidad delante del Señor, eso es, no nos puede santificar. Por cualquiera de estas preciosas bendiciones de Dios, es necesaria una “mejor esperanza” que nos permita “acercarnos a Dios”, inicialmente en un nuevo nacimiento y continuamente en una intimidad maduradora.