“sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo… Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Galatas 2:16 y 3:11)
Nuestra gran necesidad inicial delante de Dios es ser justificados, Tener al mismo Dios declarándonos inocentes (no culpables), tener al Señor pronunciándonos justos a sus ojos. A primera vista ésta parece ser una situación imposible para el hombre. Dios, nuestro juez, es santo. El hombre es impío (no santo) innatamente “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6) Las consecuencias de tal falta de santidad son inevitablemente universales y apropiadamente severas. “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23) La justa sentencia para toda la humanidad, a la luz de sus pecados en contra un Dios puro y santo, es la muerte, separación eterna de Dios. La ley de Dios no ofrece ayuda ni provee esperanza de remediar esta terrible situación. La gente “no es justificada por las obras de la ley” Tratar lo mejor de uno para llenar la medida de la ley nunca produce un veredicto de inocente. En toda la historia de la humanidad, ninguna persona podría comportarse lo suficientemente bien delante de la ley de Dios para lograr la declaración de ser justo. “por la ley ninguno se justifica para con Dios” Votos y promesas de mejoramiento personal no ofrecen esperanza. Preguntarle a otros como luchar mas intensamente no provee asistencia. Solo la fe suple el remedio necesario. “el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo” Confiar en nuestros mejores esfuerzos nos deja culpables delante de Dios. Confiar en la obra perfecta de Cristo en la cruz, nos deja justificados delante de Dios. “El justo por la fe vivirá”