“y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea… Oísteis que fue dicho… Pero yo os digo…” (Deuteronomio 9:10 y Mateo 5:27-28)
A pesar de que la ley de Dios es incapaz de justificar o santificar, sí tiene alguna habilidad estratégica en el plan de Dios para el hombre. Estos versículos de la Tora y el Sermón del Monte nos ayudan a recapacitar sobre este asunto. Estas dos profundas secciones de la Biblia se relacionan a la ley de Dios. Tora (La ley en Hebreo) se refiere a los libros desde Génesis hasta Deuteronomio. Estos libros dan una explicación extensa del mensaje de la ley de Dios. El Sermón del Monte (Mateo 5-7) incluye la aclaración de Jesús al entendimiento humano de la ley. Cuando estas porciones de la Biblia son leídas, estudiadas o enseñadas, la habilidad general de la ley está operando. En estos pasajes se revelan la voluntad y el carácter mismo de Dios. El mensaje relacionado a esas “tablas de piedra” habló del carácter de Dios, “santo soy yo Jehová vuestro Dios.” El resumen de este mensaje expresó la voluntad de Dios para el hombre, “santos seréis” Los detalles del mensaje indicaban como sería la santidad en conducta para con Dios y en las relaciones con otros. Las palabras de Jesús eventualmente extenderían este mensaje de santidad aún a las actitudes en el corazón.
La ley de Dios es Su estándar para medida espiritual. Por medio de Su ley, Dios mide la santidad en la vida de las personas por medio de revelar Su voluntad, la cual es basada sobre Su carácter santo. Es por eso que todos nosotros estamos “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) No llenamos la medida del estándar santo de Dios. Los instrumentos de medida de los hombres son una ayuda para ilustrar la ley. Cuando una cinta de medida se usa para evaluar la altura de la gente, mide su crecimiento o revela la ausencia del mismo. No produce crecimiento humano. Así es con la ley de Dios. La ley describe y mide como quiere Dios que sean las vidas. No causa que tal crecimiento espiritual aparezca. Solo la gracia de Dios operando en nuestras vidas es la dinámica suficiente que produce crecimiento espiritual.