“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; … porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:19-20)
La ley de Dios les habla a aquellos que están bajo la ley. Esto incluiría ciertamente a los Judíos, porque la ley de Dios les fue dada por escrito (primero gravada en piedras por Dios, luego escrita en pergamino en las sagradas escrituras). Pero, la ley también habla a los gentiles, ya que ellos la tienen escrita en sus conciencias. “(los gentiles) mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia” (Romanos 2:15) De esta forma, cada Judío y cada Gentil comienza la vida bajo la ley. Recuerde, cuando la ley habla, está diciendo, “sed santos, sed amorosos, sed perfectos” El resultado de que toda la gente haya recibido este mensaje (ya sea externamente por escrito, o internamente sobre su conciencia) es que “toda boca se cierre”
¿Qué diríamos si estuviésemos delante de Dios y Él evaluara nuestra vida por medio de Su ley? ¿Cómo podríamos responder si Dios dijese “Aquí está tu vida, aquí está Mi ley, ahora, rinde cuentas de tu persona”. Nuestra “boca se cerraría”. No podríamos proveer ninguna excusa, ni explicación o justificación. La ley produce el tener que rendir cuentas a Dios. Esta responsabilidad es universal. “todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” No hay excepciones. Cada uno en todo el mundo está incluido. La ley de Dios revela a toda la humanidad lo que el pecado es realmente. El pecado no es un fenómeno cultural. Es una revelación divina de lo que absolutamente no es aceptable delante de Dios a la luz de Su carácter santo. “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” El hombre no tendría entendimiento sobre este asunto si no fuera por la ley de Dios. “yo no conocí el pecado sino por la ley” (Romanos 7:7) “Asesinato, adulterio, robo, mentira y codicia son todos revelados a la humanidad por la ley de Dios “porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7) Por medio de la ley de Dios todos somos responsables de rendirle cuentas a Él por nuestros pecados.