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“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17)
El estándar de la palabra de Dios es infinitamente alto y exuberante “sed santos, sed amorosos, sed perfectos” Esto se debe a que la ley refleja el carácter mismo de Dios. A la luz de esto, nos preguntamos si hay alguna manera de que la ley pueda ser cumplida. ¿Cómo se podría, de alguna manera, cumplir en nuestra vida las justas demandas de la ley? La respuesta para esta pregunta vital está contenida en la verdad de que Jesús vino “para cumplir” la ley. Considere cuan exhaustivo fue el cumplimiento de la ley por Jesús. El Cumplió la ley en Su vida, convirtiéndose en nuestro ejemplo. Conforme Jesús vivió, nos mostró como sería la vida si uno pudiera siempre, de todas maneras, vivir a la altura de los estándares celestiales de Dios. El testimonio de Jesús fue “yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29)
Mas aún, Él cumplió la ley en Su muerte, convirtiéndose nuestro sacrificio substituto. La ley incluía un castigo por su violación y ese castigo era la muerte. “el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4) “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23) Jesús, amorosamente, murió en nuestro lugar para pagar esa deuda que nosotros teníamos “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Adicionalmente, Él quiere cumplir la ley ahora en nuestra experiencia diaria, por medio de ser nuestra vida. “Cristo, vuestra vida” (Colosenses 3:4). El Señor Jesús quiere vivir en, y a través, de la vida de Sus discípulos, conforme nosotros depositamos nuestra fe, diariamente, en Él. “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20)
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