“haré… un nuevo pacto…no como el pacto que hice… del evangelio de la gracia de Dios” (Jeremías 31:31-32 y Hechos 20:24)
El antiguo pacto de la ley fue el pacto que Dios hizo con Israel “el día que los [tomó] de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto” La promesa por medio de Jeremías era de que Dios haría un pacto de diferente tipo algún día, “no como [ese] pacto”. Este nuevo pacto sería uno de gracia, provista por medio del Señor Jesús el Cristo. “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17). La ley de Dios era una forma imposible de relacionarse con el Señor. Requería perfección pero no ofrecía ayuda para perfeccionar. Sin embargo, era capaz de convencer a la gente de su necesidad de la gracia de Cristo, encontrada en el nuevo pacto. “La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo” (Gálatas 3:24). Ahora, vivimos y proclamamos este nuevo pacto de gracia. “el camino nuevo y vivo que él nos abrió” (Hebreos 10:20). Ésta fue la misión y el mensaje del que el apóstol Pablo habló. “el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24). El evangelio es todo sobre la gracia de Dios, no sobre la ley. “la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros… la gracia de Dios” (Colosenses 1:5-6). Evangelio significa “alegres noticias” o “buenas noticias” Las buenas noticias de la gracia de Dios provistas por medio de Jesús el Cristo es el mensaje preeminente en toda la creación. De hecho, el evangelio de la gracia de Dios es tan buenas nuevas que algunos incrédulos lo rechazan inicialmente como “demasiado bueno para ser verdad”. En verdad, es una realidad sobresaliente considerar que el perdón, la justificación y el nuevo nacimiento están todos disponibles “por gracia… por medio de la fe… don de Dios; no por obras” (Efesios 2:8-9). Talvez no debiéramos estar sorprendidos de que algunos creyentes reaccionen en la misma manera cuando empiezan a considerar el mensaje de gracia para crecimiento y santificación. Oír que la vida cristiana entera debe ser “gracia sobre gracia” (Juan 1:16) puede parecer al principio “demasiado bueno para ser verdad”. A veces, podemos preguntar (o que otros nos pregunten) “¿No hay ninguna responsabilidad en el plan de salvación de Dios?” Tanto el salvo como el no salvo deben estar siempre dispuestos a responder a la oferta de gracia de Dios en Cristo. Todos debemos relacionarnos apropiadamente al Señor Jesús para toda obra de gracia, porque es “la gracia de nuestro Señor Jesucristo” (2 Corintios 8:9) En todo asunto, debemos buscarlo a Él y Confiar en Él.