“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo,… La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros… Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia” (2 Corintios 8:9, 9:8 y Apocalipsis 22:21).
Hemos visto que hay disponible abundante gracia del Señor, no solo para justificación sino también para santificación. Aún así, ¿Cómo puede una persona acceder a la gracia santificadora de Dios? ¿Cómo realmente vive uno día por día por gracia? Pronto, consideraremos las dos realidades relacionales que Dios quiere desarrollar en nuestras vidas para que podamos vivir diariamente por Su gracia. Primero, un recordatorio de donde está la gracia, y la habilidad de la cual depende. La gracia que necesitamos siempre se encuentra en una persona, no en un procedimiento. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo” Consecuentemente, para poder acceder a esta gracia, debemos estar buscando a la persona en quien la gracia reside. Con razón tantas de las cartas del Nuevo Testamento terminan con “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros” (Apocalipsis 22:21).
Dios no es alguien que desperdicia palabras. Él no habla vanamente. Ni tampoco se basa en formalidades humanas. Estas conclusiones repetitivas son un énfasis del corazón de Dios. Cuando todo está declarado sobre cualquier tema a cualquier gente, la necesidad continua siempre será que ellos aprendan a vivir por la gracia que se encuentra en Jesús el Cristo. Mas aún, ¿De la habilidad de quien depende la gracia de Dios? Nosotros tan fácilmente nos volvemos preocupados con nuestra propia habilidad. “¿Seré capaz de complacer y servir a Dios?” “¿Seré capaz de ser un testigo efectivo?”
El enfoque de la palabra de Dios es sobre Su habilidad, no la nuestra. “nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo” (Daniel 3:17) “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25) “Y a Aquel que es poderoso para guardaros sin caída” (Judas 1:24) “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20). Concerniente a la gracia, podemos aún estar pensando “¿Podré ser capaz de vivir por la gracia de Dios” Una vez mas, el asunto es la habilidad de Dios, no la nuestra. “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia” Si estamos dispuestos a apoyarnos en aquel que es capaz, Dios, experimentaremos abundantemente en nuestras vidas Su gracia santificadora.