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“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu” (Juan 7:37-39).
Estas palabras de Jesús proveen otro cuadro de lo que la llenura del Espíritu trata, también de cómo andar en esa abundancia espiritual. Sus observaciones son dirigidas a aquellos que tienen sed: “Si alguno tiene sed”. En este contexto espiritual, la sed puede hablar de la dolorosa sequedad que a menudo acompaña la necesidad o carencia. Presiones, responsabilidades, ocupaciones, decepciones y preocupación con asuntos terrenales pueden secar el alma del hombre. Correspondiendo a esta necesidad, la sed puede referirse al anhelo ferviente de esas bendiciones celestiales que refrescan y restauran nuestra vida interior. Tales condiciones sedientas se aplican a todos nosotros en varias ocasiones.
Jesús nos dice exactamente como remediar tal sed. “venga a mí y beba” Debemos llevar estas necesidades al Señor Cristo Jesús y beber de Él. Muy a menudo, tratamos de satisfacer tal sed por medio de beber en otros posos. Gente sedienta alrededor del mundo intentan encontrar alivio por medio de la educación, trabajo, religión, política, entretenimiento, dinero, drogas y mas. Ellos encuentran la verdad que nuestro Señor le reveló a la mujer Samaritana en el poso. “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed” (John 4:13). Nosotros debemos llevar nuestra sed espiritual a una persona, a “la Persona”, el Señor Jesús.
Pero, ¿cómo bebemos de estos recursos de Jesús que quitan la sed? Él indicó los medios en la siguiente frase: “El que cree en mí” Cuando llevamos nuestras necesidades secas, sedientas, a Jesús y creemos que Él puede suplir esas necesidades, estamos bebiendo de lo que solo el Señor puede ofrecer. Bebemos de los recursos de Cristo por fe. Jesús incluyó esta iluminación anteriormente en Su discurso sobre el pan de vida. “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (John 6:35). Indiscutiblemente, Jesús siempre satisfacerá la sed legítima que se le lleve a Él. Aún así, todavía hay mas disponible aquí. El agua espiritual que Cristo provee también obra dentro del alma sedienta. “El agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:14). Esta provisión del Espíritu Santo desarrolla vida abundante dentro del corazón que confía. Ultimadamente, esta fuente que crece adentro fluye hacia fuera a otros. “de su interior correrán ríos de agua viva” Corazones secos, sedientos, que vienen a Jesús con fe, no solo encuentran satisfacción para la sed, sino que eventualmente derraman vida en el Espíritu a otros. |