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“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte” (2 Corintios 1:8-10).
Nuestro pasaje habla otra vez sobre el poder de resurrección del Señor operando en nuestra vida cristiana diaria, en el proceso de santificación y crecimiento espiritual. El escenario en el que el Señor hizo esta obra de resurrección fue en medio de pruebas mientras se servía a Dios. Pablo no quería que otros creyentes estuvieran desinformados de sus dificultades, “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia”. Muy a menudo, somos tentados a guardar nuestras luchas totalmente privadas. De esa manera, robamos gloria a Dios, cuando Él nos libra. También, evitamos que otros aprendan lecciones importantes que viene de observar a Dios cumplir las promesas fieles de Su palabra.
La batallas de Pablo fueron severas en esta ocasión. “fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte” Espiritualmente hablando, estas pruebas estaban matando a Pablo y a su equipo misionero. Estaban presionados, abrumados, sin ayuda y sin sin esperanza. Cuando estamos desesperados sin esperanza, nuestros sufrimientos parecen no tener razón. Sin embargo, nuestras dificultades (como las de Pablo) tienen este propósito invaluable incorporado en ellas: “para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” Hemos notado frecuentemente que vivir por gracia requiere humildad y fe. Dios da gracia al humilde, y la fe accede a la gracia. Bien, en las pruebas de la vida, Dios está trabajando en desarrollar estas realidades relacionales (realidades espirituales que se convierten realidad por medio de una relación creciente con Jesús). Pruebas y dificultades se tornan ocasiones para ser humildes delante de Dios. Somos provocados a clamar a Dios en impotencia. También, las pruebas presentan nuevas oportunidades para confiar en el Señor. Cuando las pruebas son intensas, Dios nos está purgando del principal obstáculo para confiar en Dios, y ese es auto – confianza. “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” Así, convencidos de que nosotros no podemos manejarlo, clamamos a Dios, quien fielmente nos resucita de nuestra muerte circunstancial. “El cual nos libró…de tan gran muerte” De esa manera, la fe de que Él continuará rescatándonos, crece: “y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará” |