“No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios… [Nosotros] no teniendo confianza en la carne… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (2 Corintios 3:5-6; Filipenses 3:3 y 4:13).
Hemos estado considerando como la gracia de Dios desarrolla rasgos de piedad en nuestra vida. Tales estudios están relacionados a encontrar la fuente de nuestra suficiencia. ¿En donde se suponen encontrar, los creyentes en Cristo Jesús, recursos adecuados para vivir una vida pía? Las escrituras responden a esto de una manera doble. Primero, Dios quiere que nos demos cuenta que nosotros no somos la fuente de ninguna cosa que sea necesaria. Segundo, Dios quiere que entendamos que Él es la fuente de todo lo que es necesario. Nuestra incapacidad es el primer asunto que el Señor desea aclarar para nosotros. “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos” Nuestra propia incapacidad es tan exhaustiva que no podemos esperar que algo pío o eterno nos tenga a nosotros como fuente. No tenemos ningún recurso que pueda salvar un alma, transformar una vida, o causar que la Iglesia del Señor sea edificada. Ésta es una perspectiva sobre la vida drásticamente diferente de la que inicialmente teníamos.
La mente natural del hombre asume que debemos ser la fuente de todo lo que es necesario para la vida diaria. La palabra de Dios nos advierte repetidamente que no adoptemos esta perspectiva. El salmista lo proclamó. “Vana es la ayuda del hombre… No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación” (Salmos 108:12 y 146:3). Jesús elaboró sobre este tema. “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Pablo enseñó lo mismo. [Nosotros] no teniendo confianza en la carne (eso es, en recursos humanos). La Suficiencia de Dios es el segundo asunto que Él quiere aclararnos. “Nuestra competencia proviene de Dios”. Tan seguro como que nosotros somos totalmente incapaces para suplir lo que necesitamos para la vida, Dios es totalmente adecuado para ser nuestra fuente exhaustiva de vida. El salmista también entendió esta verdad resultante. “En Dios haremos proezas, Y Él hollará a nuestros enemigos. Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios, El cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay” (Salmos 108:13 y 146:5-6). Jesús ofreció las mismas provisiones suficientes. “El que permanece en Mí… lleva mucho fruto” (Juan 15:5). Pablo testificó de la misma realidad. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Dios es la fuente de nuestra suficiencia en todo lo que compete a desarrollar características pías.