Muchas personas parecen desear tener éxito. Desde el momento en que nacemos, nos proponemos lograr al menos una meta. Muchas veces, y especialmente en el mundo de hoy, no podemos descifrar qué es ese algo. ¿Riqueza? ¿Fama? ¿Felicidad? ¿Seguridad financiera? ¿Una casa? ¿Una familia?
¿Qué si alguien le dijera ahora mismo que usted es una persona exitosa? ¿Le creería? Pues, lo es. Cuando usted aceptó a Jesucristo como su Salvador, usted alcanzó el mayor éxito de su vida. Para aquellos que nunca han abierto su corazón a Cristo todavía les falta conocer lo que es poseer éxito eternamente.
Pocos cristianos han alcanzado el nivel de éxito que el apóstol Pablo tenía antes de encontrarse con Jesucristo en el camino a Damasco. Pablo, antes conocido como Saulo, recibió su educación de uno de los eruditos de mayor renombre en su tiempo. Posición, riqueza y notoriedad eran parte de él. Sin embargo, Pablo espiritualmente era un mendigo. No fue sino hasta que Jesús tomó control de su vida que Pablo pudo darse cuenta de la magnitud de su pobreza. Su éxito no tenía nada que ver con la ganancia financiera. Más bien estaba ligado a su relación con el Señor Jesucristo. Luego, fue Jesús quien le dio la habilidad de hacer lo que el mejor hacía ¬ compartir a otros la gracia salvadora del Señor.
A los ojos de Dios, el éxito no se puede medir por lo material. El nunca va a comparar su vida con la de otro, para luego decirle que no está a la altura deseada. Dios tan sólo desea que usted sea fiel con lo que Él le ha dado. Sea esto muy poco o mucho. Por ende, la señal del verdadero éxito puede no estar a la vista. Esto es porque la necesidad interior de un hombre o una mujer se puede satisfacer solamente con el amor y el contentamiento recibido de una relación con Jesucristo.
Deje que Él le guíe mientras sigue por la vida. Jeremías 29:11 dice “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” ¿Acaso existe algo más valioso y satisfactorio que el saber que usted es amado y cuidado por un Dios santo y justo que conoce cada paso suyo, que lo ama a pesar de todo lo que hace, y que tiene un plan para prosperar todo lo que hace en Su nombre?
El éxito desde la perspectiva de Dios es lograr continuamente ser la persona que Él quiere que usted sea y cumplir las metas que Él le ha ayudado a establecer. Es entregarse a Jesús de tal forma que todos sus deseos y aspiraciones vengan de un corazón que está completamente dedicado a Él. Deje que esta verdad quite la presión de su vida. Involucre al Señor cuando fije las metas para su vida.
Él ve su anhelo cada vez que enfrenta una buena oportunidad. Usted puede vivir toda una vida y desde la perspectiva del mundo haber logrado muy poco, pero si ha vivido su vida para Jesús, nadie será más exitoso que usted. El profeta Miqueas nos dice lo que Dios espera de usted: “El te ha declarado lo que es bueno, y qué requiere Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Miqueas 6:8, énfasis añadido)
Muchos cristianos nunca llegan a servir a Cristo en su máxima capacidad porque están cautivos emocionalmente por una idea equivocada sobre el éxito. Ellos anhelan ser “los mejores”, y al hacerlo pierden las riquezas de la bendición que Dios ha provisto. La sabiduría nos anima a dejar de buscar el éxito en números y figuras de una cuenta bancaria y nos lleva a disfrutar muchas otras avenidas del éxito que Dios ha provisto.
Pablo sabía lo que era tener dinero para comprar y también sabía vivir escasamente. Él era un triunfador y sin embargo le faltaba la mejor prosperidad ¬ una relación personal con Jesucristo. Pero una vez que conoció a Jesús, su vida renació. Él tenía más influencia, más intuición y ciertamente más logros que cuando fue Saulo de Tarso. No obstante en ninguno de sus logros personales reclamó fama y honor para sí. El logro más grande de Pablo fue la relación íntima que mantuvo con Jesucristo.
Desde una prisión en Filipo, Pablo escribe: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de… La excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él...” (Filipenses 3:7-8).
No hay nada de malo con disfrutar de lo que Dios provee. Dios le quiere bendecir. Y lo hará, pero primero quiere saber si usted, así como Pablo, cuenta como pérdida toda ganancia, excepto el amor que usted siente por Dios. Los pasos para el éxito son simples.
- Empiece por humillarse ante Dios.
- Medite y estudie su Palabra diariamente.
- Aprenda a lidiar con la desilusión y los tiempos de espera.
- Entréguese a Dios y a los demás.
Recuerde que la Palabra de Dios nos dice que vivimos en este mundo pero no somos de este mundo. ¿Qué significa esto para el cristiano? En parte significa que los valores y estatutos que establece el hombre para subsistir en la sociedad actual, no sirven para mantener una relación íntima y de renovación espiritual. Lo único que nos conserva santos (separados para Dios) es el buscar cada día, con ahínco, la llenura del Espíritu. Hay que anhelar su presencia en la mañana, en la noche; cuando el corazón rebosa de felicidad, cuando estamos abatidos.
Lograr el éxito ya no es un secreto para usted. El éxito está en vivir de acuerdo al ejemplo que Cristo nos dejó. No pretenda alcanzar las metas que se fijan otros. Su propósito y meta final debe ser llegar puro y sin manchas a la presencia de Dios. Eso sólo se logra a través de la sangre del Cordero, que es Cristo Jesús.
¡Levántese, la victoria es suya; y la gloria del Hijo!