Promesas Concernientes al Diluvio. PDF Print E-mail
“No exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio,  ni habrá más diluvio para destruir la tierra” (Génesis 9:11)

   La historia del gran diluvio en Génesis es una ilustración impactante de que nuestro Dios es un Dios de promesas. La causa del diluvio fue la maldad excesiva del hombre. “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra,  y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Dios puso en marcha Su plan para lidiar con este problema por medio de una promesa de juicio. “Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado” (Génesis 6:7). Así, por medio de una promesa, el juicio por medio de aguas de diluvio se hizo cierto. Junto con la promesa de juicio, Dios hizo una promesa de liberación, una promesa de gracia. “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8). Esta gracia estuvo disponible por medio de el arca de protección prometida. “Mas estableceré mi pacto contigo,  y entrarás en el arca tú,  tus hijos,  tu mujer,  y las mujeres de tus hijos contigo” (Génesis 6:18). Noé confió en el plan y provisión del Señor y de esa manera fue preservado del juicio. “Y lo hizo así Noé;  hizo conforme a todo lo que Dios le mandó” (Génesis 6:22).
 
  Entonces, el Señor prometió a Noé (y a toda la humanidad) que nunca mas un juicio de diluvio destruiría a la humanidad. “No exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio,  ni habrá más diluvio para destruir la tierra”. Adicionalmente, Dios estableció por medio de una promesa una señal para este pacto. “Mi arco he puesto en las nubes,  el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra” (Génesis 9:12-13). Estas promesas concernientes al diluvio (y el “Arca de salvación” de Dios) son un cuadro de Jesús siendo nuestra “arca de salvación eterna”. Pedro escribió de el diluvio y del arca: “Una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé,  mientras se preparaba el arca,  en la cual pocas personas,  es decir,  ocho,  fueron salvadas por agua” (1Pedro 3:20).  Luego, él semeja el rescate de Noé por medio del arca y el diluvio a nuestro rescate por medio de Cristo y las aguas del bautismo. “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva  (no quitando las inmundicias de la carne,  sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios)  por la resurrección de Jesucristo” (1Pedro 3:21). Cuando nos identificamos por fe con la muerte y resurrección de Cristo Jesús (lo cual es el significado del bautismo en agua), Jesús se convirtió nuestra “arca de salvación”, por medio de la cual somos llevados a Dios (rescatados del juicio que nuestros pecados merecen). Ahora, cada arco iris puede recordarnos de la fidelidad de Dios para mantener Sus promesas de salvación.
 

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