El poder de la bendición hablada


1.    EL PODER DEL NOMBRE DE DIOS.

    En efesios 1:3. Pablo nos dice: Nuestro amante Padre nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo.  El hecho de que hayamos sido bendecidos de esa forma es el motivo de que nosotros podamos bendecir a otros.  No solo podemos recibir ese aliento del cielo cargado de gozo que nos levanta la vida, sino que podemos encauzar realmente esa poderosa corriente de bendición hacia el corazón de otros.  Como el trabajador de una presa de agua que tiene en sus manos el control de un canal, podemos abrir las compuertas para permitir que el fuerte río de la gracia de Dios corra a través de nosotros cuando bendecimos a las personas en Su poderoso nombre. 

    Nuestras bendiciones mas fuertes a los demás se producen cuando invocamos el poderoso nombre de Dios, porque ese nombre denomina su personalidad, su carácter, su voluntad y su amoroso anhelo de bendecir a toda la creación.  Por lo tanto, las bendiciones mas poderosas son las que comienzan sencillamente, pronunciando su nombre, “El Señor te bendiga…”

    Dios lo ha preparado para que sea un canal de bendiciones pronunciadas a favor de otros, ¿no es así?. Piense en la forma tan abundante en que ha derramado su gracia en la vida de usted.  Por cansado que se sienta, o por ocupado que esté, tome la decisión de dedicar un tiempo de concentración en el primer momento que tenga disponible durante el día o en la noche, para darle gracias y alabarlo por la rica abundancia de bendiciones que ha derramado sobre su vida.  Sea tan concreto como pueda en cuanto a aquellas cosas por las cuales le da gracias.  Deleite el corazón de El cuando le manifieste su gratitud.  Y con alabanza genuina, háblele acerca de lo que su Nombre significa realmente para usted en cuanto a su personalidad, su carácter, su voluntad y el anhelo de bendecir que lleva en el corazón.

2.    EL PODER DE NUESTRAS PALABRAS. (El poder de vida y de muerte)

    Nuestras palabras causan un impacto duradero, no solo para hacer daño, sino también para lograr un bien. Proverbios 18:21. “La muerte y la vida están en poder de la lengua”.  Una buena palabra lleva alegría a un corazón lleno de ansiedad y depresión. Proverbios 12:25. La congoja en el corazón del hombre lo abate; más la buena palabra lo alegra.  Las palabras agradables producen en el alma tanta dulzura como salud física. Proverbios 16:24. Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos.

    Dios creo la lengua, y nos advierte gráficamente con respecto a su poder destructivo: Santiago 3:6,8-10. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad (…)es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.  Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.  De una misma boca proceden bendición y maldición.

    ¿Por qué tiene la lengua un poder tan devastador? Porque expresa los pensamientos y los sentimientos del corazón, y nuestro corazón es orgulloso por naturaleza, siempre dispuesto a golpear a los demás. “El hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. (Lucas 6:45).

    Nos guste o no nos guste, nuestras palabras representan lo que nosotros somos en realidad.  Son la expresión viviente del corazón de la persona, de la misma forma que Jesucristo es la expresión viviente de Dios Padre y se le llama LA PALABRA, EL VERBO.  Por consiguiente, si Cristo, el Maestro de bendición habita en nosotros, y su Espíritu dirige nuestros pensamientos y sentimientos, nuestro corazón rebosará con el anhelo y el propósito que tiene el Señor de bendecir, expresados con nuestras propias palabras.

    Por esta razón, aunque nuestras palabras tengan un potencial inmenso para hacer daño, también tienen un potencial mayor aún para el bien.  La luz es más fuerte que las tinieblas.  Y el bien vence al mal, porque el Dios soberano, fuente de toda bendición y de todo bien, es infinitamente más poderoso que cualquier cosa creada.  Una bendición hablada puede anular el efecto de cualquier maldición que se haya pronunciado.

    Vivimos en un mundo ruidoso, lleno de sonidos de menosprecios verbales, insultos, conversaciones baratas y falta de respeto, e incluso maldiciones deliberadas.  Dios oye todas esas cosas ofensivas, y le entristecen.  Su corazón anhela escuchar el sonido de las palabras de su pueblo, de los hijos de la luz, impartiéndoles bendiciones de vida a las personas que nos rodean.  “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.(Efesios 4:29).

3.    EL PODER DE LAS PALABRAS DE DIOS.

    El poder de una bendición hablada aumenta cuando invocamos las palabras dichas por Dios mismo en las Escrituras.  Las bendiciones verbales contienen tres poderosas fuerzas. (a) El nombre de Dios, (b) Nuestras palabras y (c) Las palabras de Dios.

    Cuando bendecimos a los demás, podemos pronunciar las metas y respuestas bíblicas que Dios tiene para ellos, de esta manera, comenzaremos a impartirles el anhelo y el poder necesario para convertir realmente en vida esas palabras, capacitados por la obra activa de Cristo en su vida y la fuerte ayuda del Espíritu santo que habita en ellos.   

    Cuando piense en sus seres amados y en la mejor manera de comprender cómo debe orar por ellos y bendecirlos, pídale sabiduría y comprensión a Dios.   

    Cuando vea en las Escrituras palabras, frases y conceptos a partir de los cuales considere que Dios quiere que usted ore y que los reclame para otra persona.   

    Ejemplo la bendición sacerdotal. Números 6:24-26:   “Jehová te bendiga y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.  Jehová alce sobre ti su rostro y ponga en ti paz”.

  • Jehová te bendiga: El Señor es la fuente de todas las bendiciones. Muchos anhelan la bendición de Dios como Jabes clamó: ‘¡Oh si me dieras bendición¡
  • Jehová te guarde: El es nuestro guardador, (leer Salmo 91)
  • Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti:  El es el Sol de Justicia, y la Luz verdadera que alumbra sobre todo hombre (Juan 1:9)
  • Tenga de ti misericordia
  • Jehová alce sobre ti su rostro
  • Ponga en ti paz. Jehová Shalom.


4.    BENDECIR A NUESTROS HIJOS.

    Los padres que caminan constantemente con el Señor y bendicen verbalmente a sus hijos con sincero espíritu de amor, ven muchas veces un impacto inmediato.  También es cierto que la bendición a nuestros hijos no nos garantiza que le ira bien en todo.  (Ej. Absalón, David lo bendijo y aún así no fue buen hijo).  Sin embargo, dejarles a nuestros hijos la herencia de numerosas bendiciones habladas es una de las cosas más sabias y amorosas que podemos hacer por ellos.  

    Algunas veces puede pasar mucho tiempo antes que llegue el gozo producto de la bendición de un padre.  Debemos pronunciar una bendición hablada todos los días sobre nuestros hijos.

    La Biblia nos dice que Isaac, Jacob bendijeron a sus hijos por fe.  Bendecir a sus hijos fue un acto de fe.  Ellos no tuvieron el conocimiento de Cristo, por eso con mayor razón deberíamos bendecir alegremente a nuestros hijos en el poder y la riqueza de nuestra fe en el Señor.

5.    BENDECIR A NUESTROS ENEMIGOS.

Las Escrituras nos hablan de un veneno que es peor que el veneno de un escorpión o de un víbora.  Santiago nos dice “que la lengua es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”  Y cuando el veneno de las palabras de alguien pica a otra persona, una bendición hablada puede actuar como una descarga eléctrica para neutralizar el dolor y la destrucción.

  • Heridas permanente.
    Cuando alguien nos maltrata verbalmente, rara vez nuestra reacción natural consiste en responderle con una bendición.  Preferiríamos responderles con nuestras propias palabras hirientes.  Nuestro orgullo nos empuja a devolver ofensa por ofensa, insulto por insulto.  Sin embargo esto sirve para duplicar el veneno y la destrucción del maltrato original.
    Dios sabe que existe en nosotros esa tendencia natural y ha provisto algo al respecto. “Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis”.  La bendición hablada a aquellos que nos hieren con sus palabras forma parte de la respuesta general que Jesús nos enseñó, según la cual siempre debemos amar a nuestros enemigos.  “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.  Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.” (Mateo 5:43-44)
    Si bendecimos a los que nos maltratan o nos maldicen, Dios nos va a bendecir a nosotros, y también se va a hacer totalmente responsable del castigo que haga falta en la vida de los que nos hacen daño. (Romanos 12:19-21)
Cuando la Biblia habla de bendecir a quienes nos maldicen, esa maldición puede consistir en insultos, reproches y ofensas verbales de todo tipo que puedan recaer sobre nosotros.

  • Injurias
    La Biblia utiliza el verbo injuriar a las personas que maltratan con sus palabras.  Las injurias      proceden de un corazón lleno de escarnio y desprecio.  Son los que vomitan ira y el odio durante un ataque verbal dirigido a otra persona.  Tienen el propósito de denigrar, difamar, llenar de vergüenza, desacreditar o atribuirle a otra persona una motivación malvada o siniestra.  Consiste en hablar de alguien con amargura.  Otro aspecto de la injuria es el ridiculizar a alguien. Los  personas que de una manera han tenido algún ministerio o trabajo público, han experimentado ataques personales.  
    Cuando siento un fuerte dolor de cabeza o en la espalda se que es una picada venenosa de un injuriador.  Si no haga algo al respecto, ese dolor aumenta en intensidad y me da una angustia emocional.  Pero al pedir a Dios que bendiga a la persona que me ha injuriado aunque no sepa quien es, el dolor desaparece.  Se que Dios me bendice y el se encargará del asunto.
    El dolor y la opresión que nos hacen sentir otras personas pueden ir mucho más allá de los maltratos verbales, pero la bendición es la respuesta que Dios nos ordena hacer.
Son muchas las personas que dado testimonio que han podido superar años de amargura cuando empezaron a bendecir a quien les maldijo o maltrato cuando eran niños, ya sea sus padres u otra persona.

6.    BENDECIR A DIOS.

    Es asombroso pensar que Aquel de quien fluye toda bendición también nos capacite para bendecirle. David en el Salmo 145:2 nos dice: “Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre”.
Vea todas las razones por las cuales David bendice a Dios.
 
  • Bendeciré a Jehová que me aconseja
  • Bendito sea Jehová, mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla, y mis dedos para la guerra.
  • Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos.
  • Bendito sea Jehová, porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada.
  • Bendito sea el Señor, cada día nos colma de beneficios.
  • El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo, Bendito sea Dios.
  • Viva Jehová, y bendita sea mi roca, y enaltecido sea el Dios de mi salvación.

Salmo 103:1. “Bendice alma mía a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre”  Dios quiere que lo bendigamos con todo nuestro ser, y nunca dejemos de hacerlo.  Salmo 145:21. “Todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre”.